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martes, 27 de diciembre de 2011

Cuando...






Cuando alcancemos a borrar
el horizonte con los pasos,
y tomemos desde el cielo
una estrella entre las manos.
Cuando los mares del mundo
al fin se hayan evaporado,
y en las arenas del desierto
florezcan rosas en verano
Cuando se anime la luna
a mostrarnos su otro lado,
y los planetas se alineen
en dibujos arrebolados.
Cuando se cansé el sol
de darnos calor y amparo,
y no haya más esperanzas
en un tiempo anestesiado.
Cuando todo eso suceda,
y los sueños sean devorados,
lo único que seguirá intacto,
será mi amor eterno y claro.

                                                    Sindel Avefenix

viernes, 23 de diciembre de 2011

Convocatoria: Este jueves un relato "Un cuento de Navidad"


Hoy no llegué a escribir el cuento, pero no quiero estar ausente en esta fecha, así que al menos quiero dejarles este saludo, porque se lo merecen y necesito hacerlo.

A todos los que me acompañan siempre en este espacio, que me dejan sus palabras, sus comentarios y me visitan, quiero desearles una MUY FELIZ NAVIDAD!!!
Que puedan estar acompañandos por los seres amados, que brinden en paz y con amor, renovando las esperanzas en un futuro mejor.
Brindo por ustedes, por haber tenido la suerte de encontrarlos en este mundo bloggero, a todos, a los nuevos, a los de siempre. Les agradezco mucho todo lo compartido.
Un abrazo gigante y mis mejores deseos, hoy y siempre...
                                                               Sindel Avefenix

Más cuentos de navidad en lo de: GUS

jueves, 15 de diciembre de 2011

Convocatoria: Este jueves un relato "Fotos y cómo surgieron esas fotos"


Bueno amigos, ésta que ven soy yo. Espero que no se atraganten, que no se asusten y que resistan el impacto.
Esta foto no tiene una historia demasiado especial, es la que le mandé a Neogeminis (Mónica) para la tarjeta.
Me la sacaron el último 21 de septiembre, que es, cuando aquí en mi país festejamos el día de la llegada de la primavera. Estaba preparada para ir a un evento especial que auspiciaba Fernet Branca (bebida muy popular en Argentina). Mi sobrina es promotorora y había conseguido entradas VIP sin cargo, y me había llamado para ofrecerme acompañarla. Era una oferta imposible de rechazar, sabía que iba a haber un buen cattering, bebida libre gratis, y buena música, además de concursos y premios. Así que llegué del trabajo, me pegué una ducha reparadora, me produje un poco para disimular el cansancio y fui.
La fiesta estuvo muy bien, apenas llegué participé de un juego y gané una camiseta de verano con el logo de los auspiciantes. Al principio la comida fue buenísima y la bebida corrió sin parar. Con el paso de las horas se fue haciendo todo menos abundante, la gente ya estaba un poco apretada, y hacía calor.
Así que antes de empezar a arrepentirme de haber ido, pegué la vuelta a casa antes de que dejara de ser tan VIP jajajaja.
Espero que les haya gustado la simple historia de cómo surgió mi foto. Acá les adjunto una que tomamos durante la fiesta.

                                               Sindel Avefenix





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jueves, 8 de diciembre de 2011

Convocatoria: Este jueves un relato "Borrachos"


La prueba
Tenía un nudo en el estómago, hacía mucho que no iba a una fiesta. Desde que lo había dejado evitaba asistir a lugares donde corriera el riesgo de encontrarlo.
Los primeros tiempos sin él habían sido un infierno, una lucha constante entre sus deseos y su fuerza de voluntad. Se había jurado a sí misma no permitirle nunca más la entrada en su vida.
Se miró en el espejo. Estaba radiante. Terminó de arreglarse el cabello y salió dispuesta a ponerse a prueba.

Apenas llegó al salón sus piernas comenzaron a perder un poco la estabilidad. Como era de suponer, él no tardó en aparecer. Por todos lados, donde mirara, se topaba con esa tentación. Los demás invitados parecían estar disfrutando mucho de su compañía.
En ese momento sintió que se estaba debilitando, tuvo que debatir rapidamente entre enfrentarlo o salir corriendo hacia la calle. No quería volver a caer en sus garras. Eso sería retroceder muchos pasos hacia atrás, casi hasta el punto de partida de su recuperación. Hizo un repaso mental de los momentos pasados a su lado, se dio cuenta de que habían sido un atajo hacia la nada, demasiado tiempo en estado de letargo y escapando de la realidad. No quería volver a eso, estaba segura. Esa dependencia la había arrastrado a cometer un sinfín de bajezas.  

Respiró profundo, avanzó hacia el bar y pidió una gaseosa con hielo. De reojo, le dio una última mirada y se alejó de su presencia. Con el vaso en sus manos todavía temblorosas caminó para reunirse con su grupo de amigos. Era hora de disfrutar de la fiesta.

Una sonrisa vencedora se había dibujado en su rostro, una vez más, y al menos por otro día había podido vencer su adicción, y dominar la tentación de tomarse un whisky.
                                                                  Sindel Avefenix

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jueves, 1 de diciembre de 2011

Convocatoria: Este jueves un relato "Mascotas"




El pez dorado


Cuando era chico vivía en una casa enorme que estaba dividida en dos partes. Adelante vivía mi abuela materna, con la que tenía una afinidad especial, y atrás vivíamos nosotros.
A los 6 años me encapriché con tener una mascota, quería tener un perrito que me hiciera compañía, ya que era hijo único y me costaba mucho entretenerme. Pero mis papás me dijeron que no. Después les pedí un gatito total no necesitaba tantos cuidados como el perro y también me gustaban, pero nuevamente declinaron la petición. Así fui probando con hamsters, pájaros, y todo tipo de animalitos, hasta que se cansaron y me terminaron convenciendo de que no era necesario tener una mascota para ser feliz.
Mi abuela que siempre me daba todos los gustos, me dio una sorpresa. Me llevó a su casa y me mostró una pecera redonda llena de plantas, y  que en el centro contenía al pez más hermoso que jamás había visto. Era dorado, con una cola enorme y brillante. Me dijo que ella lo tenía ahí para que mis papás no me retaran, pero que lo tenía que cuidar y alimentar todos los días. Era un pez mágico, que tenía vida eterna como el amor que ella  tenía por mi.
Todos los días iba a alimentarlo, le cambiaba el agua, en esa época no había aireadores así que daba más trabajo, pero yo me había encariñado tanto con mi pez que era un placer prestarle atención. Lo único que me llamaba la atención es que a veces la pecera estaba vacía, pero mi abuela me decía que era porque había llevado al pez a encontrarse con sus hermanitos, que al otro día lo iba a traer de nuevo. Pasaron muchos años y el pez dorado jamás se murió.  

Un día a mi abuela la internaron de urgencia y fui a su casa a buscar ropa para llevarle al hospital. En la cocina estaba la pecera vacía, y al lado había una nota recordatoria. Ultimamente la abuela se olvidaba de todo y se anotaba las cosas para hacer y no tener que estar pidiendo ayuda. La nota decía “comprar un pez urgente para poner en la pecera antes que venga Martín”
No pude contener las lágrimas de emoción, tomé la nota y la estruje entre mis manos, se había roto la ilusión pero había ganado algo mejor, mi abuela era un ser especial, que me había enseñado a amar y sentirme amado. Así que decidí  seguirle el juego sin decirle nada. Como sabía que con el tema de la internación se iba a olvidar del pez, fui a la veterinaria y compré uno igual al que tenía. Lo puse en la pecera y lo seguí cuidando los días que ella no estuvo en la casa. Cuando le dieron el alta, lo primero que hizo fue ir directo a la cocina, y preguntarme si había visto la pecera. Le dije que si, que estaba como siempre con el pez mágico en el comedor. En ese momento me miró y pude leer en sus ojos que había comprendido todo, pero se hizo la disimulada y  sin decir nada, me abrazó.  A partir de ese día una tácita complicidad se generó entre los dos.

Hoy ya siendo adulto, y no estando mi abuela conmigo, sigo teniendo en el centro de mi hogar la pecera con el pez mágico dorado, que mis hijos pequeños admiran con extrañeza, porque les conté que iba a vivir eternamente como el amor inmenso que nos teníamos con mi abuela, y que hoy también tengo por ellos.

                                                              Sindel Avefenix




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