Un segundo de eternidad
Ya había caído la noche, en la terminal quedaban pocos
pasajeros y algunos chicos que como ella se refugiaban del frío. Había sido una buena jornada, por suerte
habían arribado muchos taxis a la estación y los pasajeros a los que le había
abierto la puerta y ayudado a cargar los bolsos habían sido bondadosos con las
propinas.
No podía recordar si se había escapado de su casa hacía uno
o dos años, pero recordaba que había
sido aquella noche en que por última vez dejó que su padre borracho la llevara
al infierno del abuso y el maltrato.
Al principio le costó hacerse un lugar en la estación, algunos chicos más grandes le pedían favores a cambio de un lugar para dormir, pero cualquier cosa era mejor que su casa. Y ahora ya se había ganado el respeto de todos.
Caminó con sus pies desnudos y sucios hasta el baño público,
estaba cansada y el hambre le picoteaba la barriga, pero había tenido que
elegir entre comprarse un bocado o lo otro. Y hoy necesitaba más lo otro, como
casi todos los días últimamente.
Los baños estaban vacíos pero decidió encerrarse en el
último cubículo del pasillo para tener un poco de intimidad. Se sentó sobre la
tapa partida del inodoro, y sacó de su bolsillo lo que había comprado. Abrió la bolsa de nylon transparente y acercó
su nariz aspirando de una sola vez todo el pegamento. Cerró los ojos, su cuerpo
se relajó y su mente se perdió en ese único segundo de eternidad en el que rozaba la felicidad y del que algún día esperaba no regresar.
Sindel Avefénix
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