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jueves, 14 de agosto de 2014

Convocatoria: Este Jueves un relato "Virus"

Este jueves hay que hablar de "Virus" y me tentó la idea de reeditar un relato que escribí para uno de los proyectos más lindos en los que participé y que vino de la mano de José Vicente con el nombre de CRÓNICAS DE LA MUERTE DULCE (En este link pueden leer los demás relatos, todos excelentes que forman parte del proyecto y del libro)

Ahí va el relato



La última mirada

24 de septiembre de 2012
Hacía semanas que no salían a la calle para evitar el contagio, habían adquirido todo lo necesario para poder atrincherarse en el departamento desde que se habían enterado de la expansión del virus VMH-07.
Las noticias eran cada día más nefastas. En la ciudad ya casi no quedaba gente con vida, los hospitales estaban cerrados, habían desbordado de pacientes que a pesar de los esfuerzos habían fallecido y que, sin saberlo ni quererlo, habían infectado a todos los que se habían cruzado en su camino.
Pero ahora por fin había llegado el momento.
La noche anterior su mujer  había pasado por un infierno de dolor, pero las contracciones más fuertes habían sido esa mañana.
Este era el día que habían esperado toda su vida. Les había costado tanto poder engendrar a ese hijo que cuando su mujer le dijo que estaba embarazada pensaron que había sido un milagro. Después de tantos años de tratamientos, estudios y medicaciones, cuando al fin se habían dado por vencidos, ocurrió lo inesperado.
Los primeros tres meses habían permanecido callados, mirándose todos los días llenos de miedos, sin decir casi nada. Como si el mundo fuera de algodón. Después del cuarto mes se relajaron y le dieron a todos la noticia. Y  luego cada día había sido un nuevo descubrimiento para los dos. Cada ultrasonido, cada monitoreo se había convertido en un acontecimiento.
Cuando empezó la locura del virus, y aunque todavía no se conocían bien las razones ni los riesgos, habían decidido suspender todo, no arriesgarse ni un minuto más a contagiarse  y tener el bebé en casa.
Esa mañana cuando las contracciones de su esposa le indicaron que ya era el momento preparó la cama con sábanas limpias, agua, desinfectante y pinzas para cortar el cordón. Ya habían practicado el procedimiento miles de veces y estaba listo.
El parto fue rápido, el bebé salió a la vida de una disparada, sin desgarros ni desarreglos. Así como asomó a la vida, lo tomó entre los brazos, lo limpió con una toalla húmeda,  le cortó el cordón y se lo puso a su esposa en el pecho.
Menos mal que el obstetra no se había equivocado con la fecha del nacimiento.  No le quedaba mucho tiempo más. No se resignaba a  perderse la oportunidad de verle la cara a su hijo y tampoco de poder disfrutarlo al menos por esas horas que le quedaban.  El día anterior había sentido  un cosquilleo que le recorría las piernas y las manos, sabía lo que se le anunciaba, pero no dijo nada, era demasiado tarde para dar la mala noticia, si él estaba infectado todos en su hogar también lo estaban. La muerte dulce ya estaba cerca.  Evidentemente el virus se había fortalecido en todo ese tiempo y ya no respetaba ni siquiera a los que se habían mantenido aislados.
Cuando terminó de limpiar todo, se recostó al lado de su esposa que con los ojos empañados le mostró sus manos adormecidas. Ella también había sentido los síntomas desde el día anterior y no se había animado a decir nada. Se abrazaron en silencio y dejaron correr las lágrimas. Después los rodeó el silencio.
Ambos posaron sus ojos en los ojos de su hijo,  que acurrucado sobre el pecho de su mamá ya respiraba con dificultad,  y  esperaron. Hasta sentir como  la muerte se hacía dulce por el amor reflejado en esa última mirada.

Sindel Avefénix



Muchos más virus en lo de: María José - LUGAR DE ENCUENTRO


Todos los textos que están expuestos en este blog son propiedad intelectual de mi persona y están registrados bajo el nombre Sindel Avefénix. Salvo menciones expresas de otros autores.

miércoles, 17 de octubre de 2012

El antídoto - Un nuevo aporte a "Crónicas de la Muerte Dulce"

Una vez más vuelvo a participar de la genial idea de José Vicente, que nos ha disparado la imaginación a muchos con su proyecto.
Le agradezco la oportunidad de permitirme participar con mis relatos y por supuesto también le agradezco la cálida recepción en su blog.
Les dejo aquí el relato para los que quieran leerlo acá y en el final les dejo el link para que visiten el blog al que fue aportado y se deleiten con todas las historias maravillosas que hay.


09/12/2012 - El antídoto




             09/12/2012 - El antídoto





Después de haber perdido a toda su familia por la muerte dulce, se había atrincherado en su laboratorio para encontrar el antídoto contra ese maldito virus que estaba asolando al mundo entero.  Algunos de sus colegas lo habían acompañado un tiempo, pero todos habían ido contrayendo la enfermedad y se había quedado completamente solo. 

No recordaba cuando había sido la última vez que había dormido profundamente. Se pasaba el día entero con la mirada pegada al microscopio, probando con distintos métodos para encontrar la cura. 

Unos días antes le  había tomado muestras de sangre a su último compañero, antes de que falleciera. Estudió cada movimiento, cada transformación celular, segundo a segundo y logró llegar a conclusiones bastante positivas. Pero le faltaba un paso más, solamente uno para detenerlo. Tenía que tomar la muestra en el momento exacto en que comenzaban los cosquilleos, unos segundos después ya sería tarde. Según sus conclusiones ese era el punto donde se generarían los anticuerpos que detendrían la expansión del virus al tejido celular. 

Sabía que iba a tener poco tiempo, pero ya había preparado el frasco de vidrio esterilizado con la posible vacuna y un informe sobre los presuntos resultados y el momento en el que había que aplicarla. Lo único que le faltaba era comenzar a sentir él mismo los cosquilleos para confirmar su teoría.

Se preparó un café para mantenerse alerta y se sentó frente al microscopio una vez más.

De repente empezó a sentir que se le dormían los pies, como pudo se levantó, tomó una jeringa y se extrajo varios tubos de sangre. Puso una nueva muestra en el microscopio y le colocó las gotas de antídoto que había preparado para inmunizarlo. El virus VHM-07 no le hizo caso, siguió en expansión.
La desolación se adueño de su alma que ya había perdido toda esperanza. El dolor en el pecho se le había vuelto insoportable. Dándose por vencido se recostó en la silla y se adormeció.

Cuando volvió a abrir los ojos,  una hora después, su cuerpo estaba casi paralizado. A rastras se inclinó en la silla y se asomó a mirar el microscopio por última vez.  El virus se había quedado inmóvil, atrapado y estaba reduciendo su tamaño. 
Había encontrado la cura, la vacuna que había preparado tenía que aplicarse en el momento exacto de los cosquilleos y el virus después de una hora de resistencia al fin se detenía. Eso era todo… Pero ya era tarde…

…Un sabor dulce le inundó la boca y el frasco de vidrio que había intentado alcanzar se resbaló de sus manos, ya casi inertes, haciéndose trizas y desparramando toda la solución que contenía sobre el informe que había dejado escrito.

Sindel Avefénix


"Crónicas de la Muerte Dulce"    El blog de José Vicente 

lunes, 30 de julio de 2012

Este es mi aporte al blog CRONICAS DE LA MUERTE DULCE


Este es mi aporte al blog de José Vicente que nos invita a participar con este proyecto maravilloso. 
Desde ya agradezco la posibilidad de hacerlo.
Pueden leer más crónicas en: Crónicas de la muerte dulce




24 de septiembre de 2012
Hacía semanas que no salían a la calle para evitar el contagio, habían adquirido todo lo necesario para poder atrincherarse en el departamento desde que se habían enterado de la expansión del virus VMH-07.
Las noticias eran cada día más nefastas. En la ciudad ya casi no quedaba gente con vida, los hospitales estaban cerrados, habían desbordado de pacientes que a pesar de los esfuerzos habían fallecido y que, sin saberlo ni quererlo, habían infectado a todos los que se habían cruzado en su camino.
Pero ahora por fin había llegado el momento.
La noche anterior su mujer  había pasado por un infierno de dolor, pero las contracciones más fuertes habían sido esa mañana.
Este era el día que habían esperado toda su vida. Les había costado tanto poder engendrar a ese hijo que cuando su mujer le dijo que estaba embarazada pensaron que había sido un milagro. Después de tantos años de tratamientos, estudios y medicaciones, cuando al fin se habían dado por vencidos, ocurrió lo inesperado.
Los primeros tres meses habían permanecido callados, mirándose todos los días llenos de miedos, sin decir casi nada. Como si el mundo fuera de algodón. Después del cuarto mes se relajaron y le dieron a todos la noticia. Y  luego cada día había sido un nuevo descubrimiento para los dos. Cada ultrasonido, cada monitoreo se había convertido en un acontecimiento.
Cuando empezó la locura del virus, y aunque todavía no se conocían bien las razones ni los riesgos, habían decidido suspender todo, no arriesgarse ni un minuto más a contagiarse  y tener el bebé en casa.
Esa mañana cuando las contracciones de su esposa le indicaron que ya era el momento preparó la cama con sábanas limpias, agua, desinfectante y pinzas para cortar el cordón. Ya habían practicado el procedimiento miles de veces y estaba listo.
El parto fue rápido, el bebé salió a la vida de una disparada, sin desgarros ni desarreglos. Así como asomó a la vida, lo tomó entre los brazos, lo limpió con una toalla húmeda,  le cortó el cordón y se lo puso a su esposa en el pecho.
Menos mal que el obstetra no se había equivocado con la fecha del nacimiento.  No le quedaba mucho tiempo más. No se resignaba a  perderse la oportunidad de verle la cara a su hijo y tampoco de poder disfrutarlo al menos por esas horas que le quedaban.  El día anterior había sentido  un cosquilleo que le recorría las piernas y las manos, sabía lo que se le anunciaba, pero no dijo nada, era demasiado tarde para dar la mala noticia, si él estaba infectado todos en su hogar también lo estaban. La muerte dulce ya estaba cerca.  Evidentemente el virus se había fortalecido en todo ese tiempo y ya no respetaba ni siquiera a los que se habían mantenido aislados.
Cuando terminó de limpiar todo, se recostó al lado de su esposa que con los ojos empañados le mostró sus manos adormecidas. Ella también había sentido los síntomas desde el día anterior y no se había animado a decir nada. Se abrazaron en silencio y dejaron correr las lágrimas. Después los rodeó el silencio.
Ambos posaron sus ojos en los ojos de su hijo,  que acurrucado sobre el pecho de su mamá ya respiraba con dificultad,  y  esperaron. Hasta sentir como  la muerte se hacía dulce por el amor reflejado en esa última mirada.

Sindel Avefénix


domingo, 4 de marzo de 2012

A mis queridos jueveros!!!

No puedo dejar de decirles estas palabras a todos los que me acompañaron en este jueves maravilloso y a los que no llegaron a tiempo pero igual estuvieron desde la lectura y los comentarios. 
Quiero agradecerles de todo corazón a todos por participar con sus ocurrentes relatos, por engalanar mi casa con su buena energía, por sus comentarios, por sus palabras, por su presencia.
Una de las mejores cosas que me sucedió el año pasado es haberlos conocido, son un grupo de gente única, que me abrieron las puertas de sus "Jueves" con el mayor de los respetos y cariño. Para mí es un placer poder estar entre ustedes, participar de cada una de las propuestas que salen, escribir y leerlos.
Me siento muy feliz de haber sido su anfitriona, espero que se hayan sentido a gusto, y que sepan que siempre serán bienvenidos.
Muchas, muchas, pero muchas gracias mis queridos jueveros!!!