Seguidores

lunes, 30 de julio de 2012

Este es mi aporte al blog CRONICAS DE LA MUERTE DULCE


Este es mi aporte al blog de José Vicente que nos invita a participar con este proyecto maravilloso. 
Desde ya agradezco la posibilidad de hacerlo.
Pueden leer más crónicas en: Crónicas de la muerte dulce




24 de septiembre de 2012
Hacía semanas que no salían a la calle para evitar el contagio, habían adquirido todo lo necesario para poder atrincherarse en el departamento desde que se habían enterado de la expansión del virus VMH-07.
Las noticias eran cada día más nefastas. En la ciudad ya casi no quedaba gente con vida, los hospitales estaban cerrados, habían desbordado de pacientes que a pesar de los esfuerzos habían fallecido y que, sin saberlo ni quererlo, habían infectado a todos los que se habían cruzado en su camino.
Pero ahora por fin había llegado el momento.
La noche anterior su mujer  había pasado por un infierno de dolor, pero las contracciones más fuertes habían sido esa mañana.
Este era el día que habían esperado toda su vida. Les había costado tanto poder engendrar a ese hijo que cuando su mujer le dijo que estaba embarazada pensaron que había sido un milagro. Después de tantos años de tratamientos, estudios y medicaciones, cuando al fin se habían dado por vencidos, ocurrió lo inesperado.
Los primeros tres meses habían permanecido callados, mirándose todos los días llenos de miedos, sin decir casi nada. Como si el mundo fuera de algodón. Después del cuarto mes se relajaron y le dieron a todos la noticia. Y  luego cada día había sido un nuevo descubrimiento para los dos. Cada ultrasonido, cada monitoreo se había convertido en un acontecimiento.
Cuando empezó la locura del virus, y aunque todavía no se conocían bien las razones ni los riesgos, habían decidido suspender todo, no arriesgarse ni un minuto más a contagiarse  y tener el bebé en casa.
Esa mañana cuando las contracciones de su esposa le indicaron que ya era el momento preparó la cama con sábanas limpias, agua, desinfectante y pinzas para cortar el cordón. Ya habían practicado el procedimiento miles de veces y estaba listo.
El parto fue rápido, el bebé salió a la vida de una disparada, sin desgarros ni desarreglos. Así como asomó a la vida, lo tomó entre los brazos, lo limpió con una toalla húmeda,  le cortó el cordón y se lo puso a su esposa en el pecho.
Menos mal que el obstetra no se había equivocado con la fecha del nacimiento.  No le quedaba mucho tiempo más. No se resignaba a  perderse la oportunidad de verle la cara a su hijo y tampoco de poder disfrutarlo al menos por esas horas que le quedaban.  El día anterior había sentido  un cosquilleo que le recorría las piernas y las manos, sabía lo que se le anunciaba, pero no dijo nada, era demasiado tarde para dar la mala noticia, si él estaba infectado todos en su hogar también lo estaban. La muerte dulce ya estaba cerca.  Evidentemente el virus se había fortalecido en todo ese tiempo y ya no respetaba ni siquiera a los que se habían mantenido aislados.
Cuando terminó de limpiar todo, se recostó al lado de su esposa que con los ojos empañados le mostró sus manos adormecidas. Ella también había sentido los síntomas desde el día anterior y no se había animado a decir nada. Se abrazaron en silencio y dejaron correr las lágrimas. Después los rodeó el silencio.
Ambos posaron sus ojos en los ojos de su hijo,  que acurrucado sobre el pecho de su mamá ya respiraba con dificultad,  y  esperaron. Hasta sentir como  la muerte se hacía dulce por el amor reflejado en esa última mirada.

Sindel Avefénix


jueves, 26 de julio de 2012

La verdad callada







Corrían por mis venas secas e inflamadas
estafas cícilicas, muertes reiteradas,
miedos constantes, ausencias enmascaradas,
soledades invisibles, llagas perpetuadas.

Recubrían mi piel esperas profanadas
brotes no natos, mentiras maceradas,
palabras vacías, lágrimas ahogadas,
tristezas antiguas, cicatrices alienadas.

Hasta que llegó de golpe la verdad callada,
se inyectó en mi sangre, filosa, espada.
Penetró mis poros, directa, aguzada
y arrancó de cuajo mi vida angustiada.

Entreví en la sombra un alma desolada
esperando un cuerpo que la necesitara.
La miré de reojo,  ya estaba preparada
brilló al acercarse, nos unió la esperanza.

Encendió las luces, renació mi mirada.
Liberó mi garganta de la mano helada.
Pude tomar aire, y en esa bocanada
ganó mi conciencia la paz que buscaba.

                 Sindel Avefénix


miércoles, 18 de julio de 2012

Convocatoria: Este jueves un relato "La curiosidad...mató al gato"




Gina siempre había sido curiosa, desde que había formado su propia familia se había puesto obsesiva en saber todo sobre la intimidad de cada uno de sus integrantes. Para ello se había tomado la costumbre de revisar bolsillos de sacos, pantalones y carteras. Así se había enterado que su hijo había ya debutado sexualmente con su novia al descubrir en uno de sus bolsillos unos cuantos preservativos. Y también que su hija fumaba a escondidas al encontrar en el fondo de su cartera un encendedor Zippo.  A su marido le revisaba las camisas, y todo lo que tuviera un hueco para guardar algo, pero jamás le había encontrado nada fuera de lugar.
Cuando se acercaban sus cumpleaños,  esperaba que su esposo se durmiera, y hurgaba en su maletín en un doblez con cierre donde él guardaba siempre los regalos y los espiaba antes de que llegara el día. Su ansiedad no la dejaba esperar la sorpresa, que de hecho no le gustaban.
Unos días antes de su último cumpleaños, luego de andar rondando por la intimidad de todos, cuando su marido se durmió, tomó el maletín para ver que le había comprado esta vez su esposo. Encontró en el lugar de siempre un estuche de terciopelo rojo,  asombrada lo abrió y ante ella se desplegó una hermosa cadena de oro con un dije diamantado de corazón que brillaba como el sol. Dentro había también una nota amorosa que decía: “A mi amada mujer, que siempre me acompaña a pesar del paso de los años. Te amo más que nunca.”
Entusiasmada cerró el estuche, guardó todo en su lugar y se fue a dormir.
Cuando llegó el gran día, su marido la despertó con el desayuno en la cama y le entregó el regalo. Gina ya sabía lo que era pero lo abrió simulando sorpresa. Era el estuche rojo que había visto, pero en su interior había una pulsera dorada, ni siquiera de oro, con apliques de plata que adornaban unas perlas falsas a simple vista. Se quedó helada. ¿Tan mal había visto lo del estuche aquella noche?
No dijo nada, se puso la pulsera con naturalidad y comenzó ese día que la esperaba con los preparativos para la cena.  Quedaron en almorzar juntos cuando salía de la oficina, como lo hacían todos los años para esas fechas especiales.
Al mediodía se arregló, y fue directo a buscar a su esposo, llegó temprano, pero no tenía apuro porque ya tenía todo organizado para la noche. Entró a la recepción donde la recepcionista le informó que el señor estaba en una reunión, pero si quería pasar  a esperarlo dentro se encontraría con su secretaria para que le sirviera un café. Como la conocía desde hacía muchos años, se dispuso a entrar y de paso saludarla ya que hacía mucho que no la veía. Era una chica encantadora que siempre había apoyado y ayudado a su esposo incondicionalmente.
Cuando se abrió la puerta del despacho Gina sintió que sus piernas se aflojaban; a lo lejos vio el resplandor que venía del cuello de la secretaria. No pudo avanzar más, al instante se dio cuenta de que era la joya que había visto brillar aquella noche en el maletín de su marido. Ésta vez la curiosidad le había dado la peor y más grande sorpresa de su vida.
                                                             Sindel Avefénix

Muchas más curiosidades en lo de: Tere

jueves, 5 de julio de 2012

Convocatoria: Este jueves un relato "Mis fantasías secretas"




Tengo tanta sed de vos…
Mi boca está desolada  si no tiene tus besos, 
mis ojos no tienen luz si no miran tu cuerpo, 
Quiero desplegar las alas,  que me eleves al cielo,
y  desatar mi corazón en  lluvias de anhelos nuevos.
Dejame acurrucarme en tus brazos de fuego,
dame de beber el agua de todos tus deseos,
mírame amor,  así, con tu mirada de desenfreno.
y completame la vida llevándome al extremo.
Como haría para no amarte, si sos el único dueño,
de todas mis fantasías, de mis ansias y desvelos.
Si sos el aire que respiro, y la razón de mis sueños,
El amor de mi vida, el amor... Todo entero...
Como haría para no amarte, si por vos me muero...
                  Sindel Avefénix

Más fantasías en lo de: SAN


miércoles, 27 de junio de 2012

Convocatoria: Este Jueves un relato "En los zapatos de otro"

















Hace quince años que trabajo en el Hospital. En mi oficina se tramitan las autorizaciones para hacer estudios de alta complejidad fundamentales para confirmar patologías y tratarlas, análisis de hematología, prótesis vitales como marcapasos, stents y tratamientos especiales para detener ciertas enfermedades a tiempo, entre otras cosas.
Los trámites suelen llevar unos días, dependiendo de las ganas o de la auditoría final de quien tiene que dar el visto bueno para que el paciente se realice lo que le corresponde o consiga la prótesis que necesita.
Algunos casos son diagnósticos leves, de control o de rutina. Es ahí cuando la espera se hace soportable, y a pesar de la ansiedad de los pacientes, se les hace comprender que hay una burocracia que respetar. 
Pero hay otros en los que no se puede esperar. Diagnósticos en donde los minutos son decisivos, donde la preocupación del paciente es intensa y con esa gente no se puede jugar a la burocracia.
Desde el mismo momento en que me llega el pedido y leo el diagnóstico mi garganta se convierte en un nudo que debo desatar, para poder actuar con la urgencia que el paciente merece. Me muevo, hago llamadas, insisto, pido un poco de comprensión, les hago tomar conciencia a los que tienen que firmar la autorización de que se está jugando con la vida y la muerte. Si soy escuchada y la suerte me acompaña logro lo que pido, si no, tengo que enfrentar y tratar de dar una palabra de aliento al que está esperando, a los médicos que corren para mover los papeles, a los residentes que presionan para que se consiga terminar el trámite.
Muchas veces contengo lágrimas ajenas, intento calmar la desesperación, y doy esperanzas que no estoy segura de que puedan ser cumplidas. Me pongo en los zapatos de los padres, de los hijos, de los hermanos, de los esposos y de los mismos pacientes. Me pongo los zapatos de sus dolores, sus esperas, sus edades, sus luchas. A veces los atiendo durante un tiempo y después quizás no vuelvo a verlos más.
Y esos zapatos son muy incómodos, aprietan tanto que uno quiere sacárselos de inmediato, pero los llevo puestos al menos un rato porque merecen mi respeto.
Cuando los veo levantarse de cosas impensadas, vencer diagnósticos, mejorar, crecer, me gusta más caminar con ese calzado, mis pies se sienten livianos y listos para seguir dando pasos.
Muchas veces vuelvo a casa con la frustración de no haber podido hacer nada contra la indiferencia de los que están del otro lado, de los sanos que están detrás de un escritorio, con el pedido enfrente para firmar y no lo hacen porque no pueden ver más allá de sus ojos, ni usar otro calzado que aunque muchas veces no sea tan cómodo, hay que ponerse de vez en cuando para aprender a vivir, a comprender y ayudar.
                                                       Sindel Avefénix


Más relatos de otros zapatos en lo de: Gastón

sábado, 23 de junio de 2012

Noche oscura




Noche oscura, interna, de dagas crecientes
de soledades sin límites concebidos,
y voces subterráneas que aclaman urgente
arrancarme  las raíces de futuros no venidos.

Abriré mi  pecho con la llave reluciente
para desparramar los estambres del olvido
y convertiré todas mis partículas en indolentes
 evaporando los inviernos  y cultivando estíos.

Dejaré que las crisálidas renazcan transparentes
en voluptuosos atardeceres florecidos,
desterrando todas las quietudes emergentes
y cubriendo de espuma flotante mi destino.

Vestiré mi conciencia de pétalos nacientes
para abrir palpitante mis párpados dormidos,
en una estampida de colmillos insolentes
que se adentren en la carne aguzando mis sentidos.

Derretiré los hielos de sueños inconcientes
regando con llanto azul los pastos corrompidos
para que el agua nieve me vuelva indiferente
de estepas llenas de deseos sumergidos.

Liberaré las moléculas de los vacíos vividos
para que  las llamas de los fuegos más solventes
enciendan en remolino mis recuerdos sostenidos
y esparzan sus cenizas, al fin,  lejos de mi presente.
                                         Sindel Avefénix
(Poesía escrita para el taller de escritura)


miércoles, 20 de junio de 2012

Convocatoria: Este jueves un relato "Mis jueves"




Hace un tiempo abrí este blog, un poco para mostrar lo que hago y otro poco para conocer gente linda.
Al principio no me resultó práctico, no tenía incentivo para entrar, o subir escritos, hasta que un día conocí a Cecilia en un taller literario. Ella me contó que había un grupo de gente que se juntaba vía internet a escribir sobre distintos temas todos los jueves. La idea me pareció genial, ese mismo día volví a casa y me contacté con Gustavo, que me recibió y me explicó cómo eran las cosas para participar y me abrió las puertas con cariño.
Esperé ansiosa durante algunos días la consigna para el jueves y apenas la vi, me puse a escribir, así como salía, para poder llegar a tiempo.  Y fue a partir de ese día que mi blog cobró vida. Todos llegaron a mi entrada para comentar con respeto y afecto, yo los fui leyendo y a través de sus palabras, conociendo un poco más. De a poco se fueron sumando de todas partes personas maravillosas, apoyándome y dejándome con la sensación de que valía la pena seguir escribiendo.
Descubrí escritores de alma, poetas, contadores de historias, pero sobre todo descubrí un mundo donde la gentileza y el compañerismo reinaban dándose la mano.
Y ya va hacer un año que pertenezco a este grupo juevero, y cada semana cuando se acerca el momento de presentar los escritos, siento la misma ansiedad, las mismas ganas de estar, y pertenecer. La necesidad de leerlos a todos, de seguir viéndolos entre cada línea, y mostrarles algo de mí en las mías.
Me hacen muy feliz todos y cada uno de ustedes, mis queridos compañeros, me iluminan la semana, me incentivan y forman parte de mi vida. Por eso también fue muy emotivo para mí haber podido verlos en vivo, o tras la cámara.
Así que solamente me resta decirles GRACIAS!!! Porque a través de ustedes pude comprender que hay esperanzas, que si un grupo de gente puede reunirse y con el paso del tiempo continuar unidos, todo lo demás es posible.
Es un placer estar entre ustedes que tienen el don de gente adquirido y bien ganado. Y espero que estos jueves sigan existiendo para siempre.
                                                              Sindel Avefénix                                    
 Más jueves en: Los reporteros de lujo

lunes, 18 de junio de 2012

Reunión Juevera en Buenos Aires - C.a.b.a. 16/06/2012

Y por fin llegó el día tan esperado!!!
Una experiencia maravillosa donde conocí a varias personas increíblemente luminosas, amables y especiales.

Quiero destacar la cálidez y la excelente recepción como anfitriona, cocinera y compañera de CECI  que nos recibió en su casa con la mejor onda y nos aguantó todo el día, atendiéndonos en todo. La luz increíble que transporta a través de su constante y fresca sonrisa  MARIANA, llena de juventud y ganas. El brillo de poeta inconfundible y la buena energía de GASTON que es tan sensible como lo muestra en sus hermosos poemas y la personalidad completamente interesante e intensa de ROCHIES que nos hizo viajar por el mundo con sus anécdotas y conocimientos.

Estoy completamente feliz de haberlos encontrado a todos, los que estuvieron presentes, los que estuvieron conectados, y los que no pudieron venir, pero forman parte de este gran grupo humano que me acompaña todos los jueves con sus palabras.
Chicos que nunca se pierda esto, que sigamos siempre unidos, contentos, respetuosos y compañeros!!!
Solo me resta decirles a todos Muchas Gracias!!!

Les dejo unas muestras en fotitos (sacadas por Mariana) para ir adelantando el encuentro que tuvimos.
Un abrazo enorme a todos!!!

En este collage se ven las pizzas de Ceci, el paseo en el subte y la sobremesa.


 Y por acá el paseo al tranvía que nunca llegó, y más del subte



jueves, 7 de junio de 2012

Convocatoria: Este jueves un relato "Relato encadenado"



Este jueves nos adherimos a la excelente y original propuesta de Encarni dónde pueden leer el relato completo con los aportes de todos los jueveros.

Aquí les presento mi parte:


No era el momento para hacer preguntas, ni para pensar demasiado. Lo único que podía coordinar su mente confusa eran sus piernas para apurar el paso y sacarles ventaja a esos dos hombres que se acercaban.
Tomó a Jenaro del brazo, y con disimulo se dirigieron casi al trote hacia la avenida.  Allí, seguramente, habría más gente y pasarían más desapercibidos. Se dio cuenta de que ninguno de los dos estaba en estado para esa proeza. Su corazón era un tambor y su respiración se entrecortaba a cada paso.
Jenaro miró hacia atrás y comprobó que los seguían.

Esto continúa en lo de: Marta C. 

martes, 5 de junio de 2012

DONDE ESTAS AMIGO???

AHORA ENTIENDO POR QUÉ EN MIS LARES ANDA EL CIELO NUBLADO, ES QUE SI NO ESTAS VOS EL SOL NO SALE!!!!
VOLVE LOQUITO LINDO, DALE, TE EXTRAÑAMOSSSSSSSSSSSSS!!!


domingo, 3 de junio de 2012

Ya no quiero

Este es un ejercicio del taller de escritura que consiste en usar todos esos verbos en el orden que aparecen y esto es lo que quedó, a ver si les gusta!!!

UNIR – ELEVAR – INUNDAR – ENCENDER – DANZAR – ALEGRAR – DESLIZAR – RODEAR – ARDER – ALCANZAR – ESTREMECER – ACARICIAR – REIR – ALIVIAR-

Ya no quiero unir mi piel  a tu piel,
en esa comunión de sangre hirviente,
 ni elevar mi placer extremo y doliente,
para  inundar los después de pura hiel.

Ya no quiero volver a encender mi ser,
con ese danzar de sueños abortados,
no se alegran ya mis amargos letargos,
pues deslizan intermitencias sin nacer.

Ya no quiero rodearme de  ironías,
en esa atmosfera de palabras suicidadas,
que ya no arden en mi realidad prestada,
y alcanzan sus metas yermas en utopías.

Ya no quiero volver a estremecerme,
en esa máscara que acaricia mis miedos,
y que rie sarcástica de mis temidos riesgos,
aliviando  ausencias solo al adomercerme.

Ya no quiero…
                                   Sindel Avefenix

miércoles, 30 de mayo de 2012

Convocatoria: Este jueves un relato "En la quietud de la noche"




Una nostalgia repentina le arrebató la calma. Se recostó sobre la cama, y cerró los ojos tratando de conciliar el sueño.
Su mano se topó con el vacío que anidaba a su lado, entre las sábanas frías y prolijas. Palpó el hueco de las ausencias repetidas; la nulidad de los deseos sin horarios; la necesidad inútil de un abrazo que no viniera de sus cobijas.
Abrió los ojos, el resplandor de la luna iluminaba pálidamente su cuarto. El aire estaba impregnado de soledades ya conocidas.
Varios frascos de perfumes importados brillaban sobre la cómoda, unas flores no tan frescas en un jarrón habían desparramado sus pétalos secos sobre el piso.
Un millón de pensamientos se le atragantaron en la garganta, palabras reprimidas tantas veces, lágrimas casi siempre enmascaradas. Ella nunca había tenido derecho a los reclamos.
Una angustia avasallante le oprimió el pecho.
¿Cuántos años habían pasado? ¿Cuántas esperas había soportado?
Nunca nada había cambiado. Las raíces de ese amor solamente habían florecido en forma de hiedras que,  multiplicadas,  habían hecho de su vida un jardín desolado donde reinaban los inviernos.
La penumbra de la noche le había invadido el alma con fantasmas añorados, vio pasar todos esos momentos solitarios de su vida, como en otras tantas noches en las que ella misma había negado esa sensación de infelicidad que la asaltaba.
Pero esta vez era diferente, no pudo negarlo. Ésta vez estaba cansada de ser esa sombra expectante en la que se había convertido.  Miró los pétalos caídos. Estaban marchitos, desterrados de esa flor que había elegido irrigar su savia hacia otro lado.
La oscuridad le trajo paradójicamente esa claridad que pocas veces nos ilumina la vida para poder decidir algo.
Un llanto sanador le corrió por las mejillas, sus miedos a perderlo se habían disipado. No podría perder algo que nunca había tenido.
En la quietud de la noche vio la realidad y supo que ya estaba lista para dejarlo.

                                                                         Sindel Avefenix

Más relatos, en la quietud de la noche, en la casa de Mónica

miércoles, 23 de mayo de 2012

Convocatoria: Este jueves un relato "Replicantes"





Había perdido la noción del tiempo, sus piernas estaban acalambradas y le dolía el cuerpo. Definitivamente no iba a soportar mucho tiempo más escondido en ese pequeño contenedor.
La escasa comida que había rescatado antes de huir se le estaba terminando, y su garganta arenosa le reclamaba un poco de agua que no tenía.
Desde afuera se escuchaban los sonidos, pasos metálicos y gritos. Parecía una de esas películas de robots asesinos que había visto cuando era niño, y que tanto le gustaban. Pero no, esto era realidad y ya no le gustaba más.
Los androides se habían apoderado del mundo. Se parecían mucho a los humanos, tenían piel artificial, cabello, y usaban todos el mismo uniforme blanco. Se sentían superiores y daban ordenes sin parar. Era fácil confundirlos con la gente normal, pero él ya los tenía bien identificados.
Ya casi no quedaban seres humanos, él era uno de los últimos y lo estaban buscando. No quería salir de allí, había visto con sus propios ojos los experimentos que hacían con la gente, los cascos metálicos que les incrustaban en las cabezas, y las drogas que les suministraban para transformarlos en autómatas.  Por suerte él había logrado escapar y encontrar ese refugio para que no lo cazaran y lo transformaran en eso.
Espero, acurrucado y temeroso. Y cuando sintió que los ruidos externos habían cesado, se arrodilló en el contenedor. Tenía que conseguir algo para tomar, se estaba secando.
Lentamente abrió apenas un milímetro de la tapa que lo protegía para observar hacia afuera.  El reflejo del sol que entró por esa mirilla lo deslumbró dejándolo casi ciego. De golpe y sin tiempo a nada, la tapa salió expulsada con violencia, él quedó al descubierto y sintió que algo, como unas garras,  lo tomaban de los brazos y lo sacaban de su refugio con brutalidad.  Pataleó, gritó y se resistió, pero nadie lo ayudaba.
Le colocaron a la fuerza una camisa gruesa que lo inmovilizó llevando sus brazos hacia atrás y atándolos a su espalda, quedó anulado para defenderse. El miedo y la impotencia se adueñaron de sus sentidos, su pantalón se humedeció sin que pudiera evitarlo. Entonces una voz gruesa y firme le habló:
- ¡Mirá dónde estabas! Hace dos días que te estamos buscando Juan. Vos estás cada vez peor, vamos a tener que cambiarte el tratamiento para controlar tus alucinaciones  o  tenerte todo el día atado a la cama si seguís así.
Inmediatamente sintió un pinchazo en el cuello, su cuerpo se relajó y ya no pudo ni caminar. Estaba aletargado y adormecido.
Lo llevaron arrastrando varios metros hasta que llegaron a una entrada enorme y llena de escalones. Antes de cruzarla pudo alcanzar a leer que decía: Bienvenidos al "Hospital de Salud Mental Dr. Izarralde."
                                                                                       Sindel Avefenix

Más historias de replicantes en lo de: GUSTAVO

domingo, 20 de mayo de 2012

Laberinto




Avanzo, de a  poco, lenta y aturdida.
Estoy atrapada dentro de un laberinto construído con mis esperanzas estafadas. Las mismas se fueron convirtiendo en ladrillos macizos, multiplicados, que dejan entrever, en la altitud de los muros que se forman, solo el ocaso de los días que van sucediendose ante mí.
Mis pies van dibujando en cada paso baldosas hechas de sueños abortados, brotes engendrados en el vientre infértil de la desesperanza. Mis ojos están cegados por la lobreguez del escenario en una oscuridad autoinflingida. Sigo, lucho,  intentando vislumbrar entre las tinieblas una salida que me devuelva la paz y la dignidad que perdí. No la hay, recorro una y otra vez cada camino, cada atajo, y el final siempre es el mismo.
Desesperada comienzo a trepar la pared, la más húmeda y delgada que encuentro. Mis manos se desgarran sangrantes, pero sigo ascendiendo. Un aire gélido que viene desde abajo me roza la espalda. Cada centímetro avanzado es un pellizco de energía que me impulsa a no frenar. Empiezo a ver la claridad, no miro hacia atrás, de las paredes agrietadas por mis pasos se desprende una savia amarga que ahoga mis sentidos. Tambaleo, el cansancio es superior a mis reflejos. Estoy cerca, tan cerca de llegar.
Desde el precipicio que voy dejando atrás un grito agudo lleno de promesas afónicas me anestesia. Vuelvo mi rostro hacia ese oscuro vacío. La fascinación de esa voz profiriendo utopías próximas, que necesito creer, hace que mis piernas flaqueen y caíga.  Mientras voy cayendo busco aferrarme a algo, pero todo se desmorona convirtiéndose en  fuego líquido y borrando el camino de ascenso recorrido. 
Un puño cerrado de mentiras me aprisiona la garganta reprimiendo mis quejidos, obligándome a callar todas las voces y absorbiendo completamente mi razón. Una sombra gigante me mira vencedora, puedo ver en su pecho abierto un corazón seco y palpitante que se nutre con la sangre espesa de mi fracaso.  Sus ojos destellan el placer sádico de haberme retenido. Con maligna habilidad me manipula y me encadena a esa múltiple boca dentada que me  traga una vez más hacia el abismo de la espera y la soledad.
                                                                     Sindel Avefenix

martes, 15 de mayo de 2012

Convocatoria: Este jueves un relato "Un pacto con el diablo"




El pacto
Había vendido todas sus pertenencias, lo único que le quedaba era un lienzo blanco, algunos óleos y un pincel.
La dueña de la pensión le había pedido que dejara la habitación apenas amaneciera.
Ya sus ruegos a Dios se habían agotado, ni las musas estaban de su lado.
Se subió a la silla y anudó la soga en la viga, la colocó algo floja alrededor de su cuello. Y cuando estaba dispuesto a saltar, una sombra negra se le puso enfrente. Le ofreció la inspiración que necesitaba para crear su mejor cuadro a cambio de su alma.
El pintor aceptó el trato sin dudar, pero antes de que se diera cuenta, la sombra pateó la silla, y se llevó su alma riéndose a carcajadas.

Más pactos diabólicos en lo de: Gustavo