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miércoles, 30 de mayo de 2012

Convocatoria: Este jueves un relato "En la quietud de la noche"




Una nostalgia repentina le arrebató la calma. Se recostó sobre la cama, y cerró los ojos tratando de conciliar el sueño.
Su mano se topó con el vacío que anidaba a su lado, entre las sábanas frías y prolijas. Palpó el hueco de las ausencias repetidas; la nulidad de los deseos sin horarios; la necesidad inútil de un abrazo que no viniera de sus cobijas.
Abrió los ojos, el resplandor de la luna iluminaba pálidamente su cuarto. El aire estaba impregnado de soledades ya conocidas.
Varios frascos de perfumes importados brillaban sobre la cómoda, unas flores no tan frescas en un jarrón habían desparramado sus pétalos secos sobre el piso.
Un millón de pensamientos se le atragantaron en la garganta, palabras reprimidas tantas veces, lágrimas casi siempre enmascaradas. Ella nunca había tenido derecho a los reclamos.
Una angustia avasallante le oprimió el pecho.
¿Cuántos años habían pasado? ¿Cuántas esperas había soportado?
Nunca nada había cambiado. Las raíces de ese amor solamente habían florecido en forma de hiedras que,  multiplicadas,  habían hecho de su vida un jardín desolado donde reinaban los inviernos.
La penumbra de la noche le había invadido el alma con fantasmas añorados, vio pasar todos esos momentos solitarios de su vida, como en otras tantas noches en las que ella misma había negado esa sensación de infelicidad que la asaltaba.
Pero esta vez era diferente, no pudo negarlo. Ésta vez estaba cansada de ser esa sombra expectante en la que se había convertido.  Miró los pétalos caídos. Estaban marchitos, desterrados de esa flor que había elegido irrigar su savia hacia otro lado.
La oscuridad le trajo paradójicamente esa claridad que pocas veces nos ilumina la vida para poder decidir algo.
Un llanto sanador le corrió por las mejillas, sus miedos a perderlo se habían disipado. No podría perder algo que nunca había tenido.
En la quietud de la noche vio la realidad y supo que ya estaba lista para dejarlo.

                                                                         Sindel Avefenix

Más relatos, en la quietud de la noche, en la casa de Mónica

miércoles, 23 de mayo de 2012

Convocatoria: Este jueves un relato "Replicantes"





Había perdido la noción del tiempo, sus piernas estaban acalambradas y le dolía el cuerpo. Definitivamente no iba a soportar mucho tiempo más escondido en ese pequeño contenedor.
La escasa comida que había rescatado antes de huir se le estaba terminando, y su garganta arenosa le reclamaba un poco de agua que no tenía.
Desde afuera se escuchaban los sonidos, pasos metálicos y gritos. Parecía una de esas películas de robots asesinos que había visto cuando era niño, y que tanto le gustaban. Pero no, esto era realidad y ya no le gustaba más.
Los androides se habían apoderado del mundo. Se parecían mucho a los humanos, tenían piel artificial, cabello, y usaban todos el mismo uniforme blanco. Se sentían superiores y daban ordenes sin parar. Era fácil confundirlos con la gente normal, pero él ya los tenía bien identificados.
Ya casi no quedaban seres humanos, él era uno de los últimos y lo estaban buscando. No quería salir de allí, había visto con sus propios ojos los experimentos que hacían con la gente, los cascos metálicos que les incrustaban en las cabezas, y las drogas que les suministraban para transformarlos en autómatas.  Por suerte él había logrado escapar y encontrar ese refugio para que no lo cazaran y lo transformaran en eso.
Espero, acurrucado y temeroso. Y cuando sintió que los ruidos externos habían cesado, se arrodilló en el contenedor. Tenía que conseguir algo para tomar, se estaba secando.
Lentamente abrió apenas un milímetro de la tapa que lo protegía para observar hacia afuera.  El reflejo del sol que entró por esa mirilla lo deslumbró dejándolo casi ciego. De golpe y sin tiempo a nada, la tapa salió expulsada con violencia, él quedó al descubierto y sintió que algo, como unas garras,  lo tomaban de los brazos y lo sacaban de su refugio con brutalidad.  Pataleó, gritó y se resistió, pero nadie lo ayudaba.
Le colocaron a la fuerza una camisa gruesa que lo inmovilizó llevando sus brazos hacia atrás y atándolos a su espalda, quedó anulado para defenderse. El miedo y la impotencia se adueñaron de sus sentidos, su pantalón se humedeció sin que pudiera evitarlo. Entonces una voz gruesa y firme le habló:
- ¡Mirá dónde estabas! Hace dos días que te estamos buscando Juan. Vos estás cada vez peor, vamos a tener que cambiarte el tratamiento para controlar tus alucinaciones  o  tenerte todo el día atado a la cama si seguís así.
Inmediatamente sintió un pinchazo en el cuello, su cuerpo se relajó y ya no pudo ni caminar. Estaba aletargado y adormecido.
Lo llevaron arrastrando varios metros hasta que llegaron a una entrada enorme y llena de escalones. Antes de cruzarla pudo alcanzar a leer que decía: Bienvenidos al "Hospital de Salud Mental Dr. Izarralde."
                                                                                       Sindel Avefenix

Más historias de replicantes en lo de: GUSTAVO

domingo, 20 de mayo de 2012

Laberinto




Avanzo, de a  poco, lenta y aturdida.
Estoy atrapada dentro de un laberinto construído con mis esperanzas estafadas. Las mismas se fueron convirtiendo en ladrillos macizos, multiplicados, que dejan entrever, en la altitud de los muros que se forman, solo el ocaso de los días que van sucediendose ante mí.
Mis pies van dibujando en cada paso baldosas hechas de sueños abortados, brotes engendrados en el vientre infértil de la desesperanza. Mis ojos están cegados por la lobreguez del escenario en una oscuridad autoinflingida. Sigo, lucho,  intentando vislumbrar entre las tinieblas una salida que me devuelva la paz y la dignidad que perdí. No la hay, recorro una y otra vez cada camino, cada atajo, y el final siempre es el mismo.
Desesperada comienzo a trepar la pared, la más húmeda y delgada que encuentro. Mis manos se desgarran sangrantes, pero sigo ascendiendo. Un aire gélido que viene desde abajo me roza la espalda. Cada centímetro avanzado es un pellizco de energía que me impulsa a no frenar. Empiezo a ver la claridad, no miro hacia atrás, de las paredes agrietadas por mis pasos se desprende una savia amarga que ahoga mis sentidos. Tambaleo, el cansancio es superior a mis reflejos. Estoy cerca, tan cerca de llegar.
Desde el precipicio que voy dejando atrás un grito agudo lleno de promesas afónicas me anestesia. Vuelvo mi rostro hacia ese oscuro vacío. La fascinación de esa voz profiriendo utopías próximas, que necesito creer, hace que mis piernas flaqueen y caíga.  Mientras voy cayendo busco aferrarme a algo, pero todo se desmorona convirtiéndose en  fuego líquido y borrando el camino de ascenso recorrido. 
Un puño cerrado de mentiras me aprisiona la garganta reprimiendo mis quejidos, obligándome a callar todas las voces y absorbiendo completamente mi razón. Una sombra gigante me mira vencedora, puedo ver en su pecho abierto un corazón seco y palpitante que se nutre con la sangre espesa de mi fracaso.  Sus ojos destellan el placer sádico de haberme retenido. Con maligna habilidad me manipula y me encadena a esa múltiple boca dentada que me  traga una vez más hacia el abismo de la espera y la soledad.
                                                                     Sindel Avefenix

martes, 15 de mayo de 2012

Convocatoria: Este jueves un relato "Un pacto con el diablo"




El pacto
Había vendido todas sus pertenencias, lo único que le quedaba era un lienzo blanco, algunos óleos y un pincel.
La dueña de la pensión le había pedido que dejara la habitación apenas amaneciera.
Ya sus ruegos a Dios se habían agotado, ni las musas estaban de su lado.
Se subió a la silla y anudó la soga en la viga, la colocó algo floja alrededor de su cuello. Y cuando estaba dispuesto a saltar, una sombra negra se le puso enfrente. Le ofreció la inspiración que necesitaba para crear su mejor cuadro a cambio de su alma.
El pintor aceptó el trato sin dudar, pero antes de que se diera cuenta, la sombra pateó la silla, y se llevó su alma riéndose a carcajadas.

Más pactos diabólicos en lo de: Gustavo

lunes, 23 de abril de 2012

23 DE ABRIL - DIA DEL LIBRO

HOY ES EL DIA DEL LIBRO!!! 
Una de las cosas más importantes en mi vida son los libros. De sus manos viajé por todo este mundo y tantos otros  diferentes. Reí, lloré, resolví misterios y sobre todo aprendí. 
No puedo vivir sin tener algo para leer, sin respirar ese olor de los libros viejos que uno lee una y otra vez. O sin sentir esa ansiedad que me dan los libros nuevos trayéndome historias inesperadas.
Gracias a todos aquellos que participaron en el desarrollo de mi imaginación, en mi crecimiento interior, y en los aportes a mi cultura a través de sus palabras.
Nunca dejen de escribir!!!



viernes, 20 de abril de 2012

¡¡¡UN PREMIO!!!




                                            ESTE BLOG HA SIDO PREMIADO                            

Tengo el placer absoluto de recibir este premio de la mano de dos personas maravillosas, a quienes tengo el agrado de leer en muchos momentos.
Estoy completamente agradecida a estas dos genias:

MATICES que me ha dedicado tan bellas y dulces palabras y a quién admiro profundamente.
TERESA  a quién estoy comenzando a conocer a través de sus escritos y me alegra mucho haberla encontrado
Como considero que este premio es una idea maravillosa para difundir y promover la lectura de los distintos blogs que participen,  hoy me adhiero a seguir poniéndolo en marcha y a elegir a cinco personas.
Antes de dar los nombres les quiero explicar que hay tres pasos a seguir si se quiere continuar con la propuesta y son:

1- Copiar y pegar la entrada del blog enlazando al blogger que ha otorgado el premio.

2- Premiar a los 5 blogs elegidos, a condición de que tengan menos de 200 seguidores para ayudar a la difusión de aquellos blogs que todavía no tienen la actividad que se merecen. No olvidar avisarles en sus entradas para que "recojan" su premio.

3- Confiar en que los cinco elegidos continúen la cadena, eligiendo a su vez sus cinco preferidos. Las tres reglas a seguir por supuesto son voluntarias.

Aquí van mis elegidos, cosa que me ha costado mucho decidir porque admiro a todos y cada uno de los blogs que sigo, pero como muchos ya estaban premiados me decidí por estos:

MARU: Porque es una persona hermosa, una amiga a la distancia que siempre me apoya en mis escritos, y a quién admiro profundamente por su manera de transmitir sus sentimientos a través de sus impecables textos.

CRISTINA: Porque cada texto suyo es un recorrido de datos y aventuras. 

SUSURROS: Porque sus susurros de sirena tienen un condimento diferente en cada escrito.

ROCHIES: Porque cada vez que leo uno de sus textos se me eriza la piel y admiro la manera en que puede transmitir las palabras.

MARIA : Porque nos regala esos maravilloso poemas cada jueves y todo lo convierte en poesía.




jueves, 19 de abril de 2012

Convocatoria: Este jueves un relato "Una de espías"



Caminaba lento, la gente se amontonaba a su alrededor, algunos la escupían y otros la insultaban. La custodia del lugar trataba de hacerle espacio para que pudiera llegar antes que la lincharan.
Lejos quedaba el esplendor de los años setenta, cuando era la modelo y actriz más cotizada. Se la veía en todas las pantallas, tele, cine, teatro. Las publicidades siempre la mostraban. Era la rubia más sexy y hermosa del país.
Al principio no se supo quién hizo explotar la noticia, pero el impacto que provocó en el público fue inmediato y profundo. En la puerta de su casa había todos los días escarches y protestas pidiendo justicia. Los vecinos le pedían por favor que se mudara.
Unos días antes el país se había enterado por medio de un programa de chimentos que la señora Lucía Faro, había sido durante los años de la dictadura militar la amante secreta del Almirante Marella.
Inmediatamente los periodistas se encargaron de destrozarla, buscaron testigos y pruebas contundentes. Aparecieron fotos, familiares, conocidos de conocidos, todos afirmando la noticia. Llegaron hasta el mismo Almirante que ya viejo y cansado de tanta rosca les dio una nota en exclusividad desde su casa de Palermo, donde cumplía con el arresto domiciliario por los crímenes de lesa humanidad cometidos.
El Almirante confesó que la señora Lucía Faro no solamente había sido su amante secreta durante muchos años, si no que también había sido su espía e informante. Ella se encargaba de entregarle gente de la farándula que pudiera ser una amenaza para el bien nacional. Operaba entre bambalinas, buscando posibles enemigos. Les decía que estaba metida en un Movimiento de Izquierda clandestino que estaba organizándose para levantarse en contra del gobierno. De a poco y después de ganarse la confianza de algunos, los iba haciendo picar el anzuelo para que se le unieran. Una vez hecho esto, Lucía le daba los nombres al Almirante para que literalmente los borrara del mapa.
El Almirante la gratificaba con presentes. No todos los nombres valían lo mismo, algunos equivalían a un tapado de pieles, otros a joyas de brillantes, y había uno que  había sido tan impactante que había significado ganarse un departamento en Av. Libertador.
Durante años habían utilizado este método, a veces cambiaban el “modus operandi” pero el final y los premios siempre eran los mismos.
Después vino la democracia y todo tomó un cauce diferente, algunos se salvaron de ser descubiertos pero otros tuvieron que esperar treinta años para que se hiciera justicia.
Al final se supo que la hija de la mucama del Almirante, que se había criado en ese ambiente, se había decidido a dar la noticia después de ver a la señora Lucía hablando de su impecable vida en un programa de actualidad.
Ahora su vida impecable estaba en el juzgado, su rostro casi irreconocible por las cirugías estaba tenso cuando se sentó en la sala. Sabía que sus épocas de gloria se habían terminado y se estaban convirtiendo en un infierno, ese mismo que gracias a ella tantos otros habían encontrado.

Nota: Esta historia me la inspiró un caso conocido el año pasado en mi país, pero no significa que sea verdadera en su totalidad. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

Más relatos de espías en lo de: Juan Carlos

sábado, 14 de abril de 2012

Es inútil




Es inútil...
No volveré a intentarlo.
Porque te buscan mis manos,
en otros cuerpos, en otros brazos.
Porque dibujo tu boca,
en otros besos, en otros labios.
Porque deseo percibirte,
en otros aromas,  en otros abrazos.
Porque simulo tocarte,
en otras pieles, en otros espacios.
Es inútil...
No volveré a intentarlo.
Porque vuelvo siempre vacía,
sobre mis mismos pasos.
Porque duermo cada noche,
con mis sueños destrozados.
Porque derramo mis lágrimas,
por los intentos frustrados.
Porque reclamo el olvido,
de mis dolores guardados.
Es inútil...
No volveré a intentarlo.
Porque no se cubre el vacío,
con unos velos improvisados.
Porque no se ilumina el alma,
con las luces de un relámpago.
Porque no se cura el corazón,
con los placebos inventados.
Porque no se va el amor,
a pesar del tiempo y de los daños.

miércoles, 4 de abril de 2012

Convocatoria: Este jueves un relato "Ay que desgraciado que soy, tengo obras en casa"





Lucy y Ramón 

Lucy había cumplido los 50 y todos en el barrio y hasta en su familia la tildaban de solterona. Por fin después de ahorrar durante años había podido juntar el dinero para comprarse un pequeño departamento y dejar de convivir con sus padres.
Cuando se lo entregaron estaba hecho un desastre, pero por el precio al que lo había conseguido no podía esperar mucho. Se había guardado un resto de efectivo para ir haciendo de a poco los arreglos. Antes de mudarse quería dejarlo lo más habitable posible. Lo primero que tenía que hacer era sacar esa humedad de las paredes y pintarlo. No conocía a nadie que pudiera hacer el trabajo, así que se decidió a llamar al pintor que había puesto su cartelito de promoción en el almacén de Tincho.
A los pocos días Ramón se presentó en el departamento y le pasó el presupuesto. Era más joven de lo que esperaba, pero mientras trabajara bien no tenía sentido negarle la oportunidad, y decidió contratarlo.
Todas las mañanas Ramón iba puntual a las nueve. Primero picó las paredes, sacó la humedad, revocó, y después se puso lijar. Lucy iba todos los días para revisar que hiciera bien las cosas. Había nubes de polvo, lijas y pinceles por doquier. Ella se sentaba en la cocina, se tomaba unos mates y de tanto en tanto surgía alguna charla. 
Después de varios días se encontró cebándole mate, y llevándole a Ramón algo para comer. Pasaron casi dos meses hasta que por fin el departamento quedó pintado. Lucy se mudó, y empezó a aprender a vivir sola. Las noches eran raras en esa cama enorme que se había comprado. Pero pensó que ya se iba a acostumbrar a la soledad, y se concentró en disfrutarla.
Cuando llegó el momento de despedir al pintor, se dio cuenta que en el baño hacían falta arreglos, así que lo volvió a contratar para que hiciera ese trabajo. Ramón estaba feliz, hacía tiempo que no trabajaba tanto, y además se sentía acompañado, había enviudado hacía unos años y nunca más había formado pareja. Lucy empezó a darse cuenta que más que una tortura como solían ser las obras,  se estaban convirtiendo en una rutina agradable.  Y de a poco le fue dando todo tipo de trabajos.
Cada día se vestía mejor para recibirlo, se peinaba y maquillaba como nunca lo había hecho. Ramón ya no venía vestido con la ropa vieja de trabajo, venía impecable de su casa y después se cambiaba para empezar su tarea. Ahora era él quien traía alguna torta o facturas para compartir.
 Lucy le sugirió cambiar los cerámicos de la cocina, y le pidió que la acompañara a comprarlos porque era más entendido en eso. Fue la primera vez que salieron juntos. Los dos eligieron el mismo color y la misma guarda. Cada vez se generaba más complicidad entre ellos, pero ninguno de los dos decía nada de lo que les pasaba.
Una tarde mientras pasaba la pastina por los cerámicos ya colocados, llegó una tormenta tremenda a la ciudad. Caían piedras enormes, se inundaron las calles, y era imposible salir sin correr el riesgo de sufrir algún tipo de accidente. Ramón se quedó a cenar mientras esperaba que pasara el diluvio. Pero en vez de escampar, todo se volvía más negro. Lucy le dijo que se quedara, ella dormiría en su habitación y él en sillón del living, no era nada malo después de todo.
Por la noche se encontraron los dos cada uno en su cama, pensando en el deseo irrefrenable que sentían de pasarse a la cama del otro, pero ninguno de los dos tomó la iniciativa.
Llegó la mañana y los encontró separados, desayunaron juntos y no se dijeron nada.
Ya todo estaba terminado, el departamento estaba impecable, así que Ramón tomó sus cosas, cobró por su trabajo y se fue dándole la mano.  Lucy se quedó con una extraña sensación de abandono, se culpó por no haberlo detenido. Se quedó sentada en la cocina, mirando todo lo nuevo y esperando amigarse con su soledad.
Una hora más tarde le tocaron el timbre del portero eléctrico. Bajó para abrir pensando que sería el chico del supermercado, pero cuando salió vio a Ramón con un ramo de magnolias, sus flores preferidas,  en la mano.  Se le acercó despacio, le entregó las flores y  le tomó la mano suavemente. Sin esperar más, le  preguntó al  oído si estaba dispuesta a que ahora los dos hicieran obras de refacción pero en sus corazones.
Lucy se acercó y con un beso selló el contrato más esperanzador de su vida.

                                                            Sindel Avefenix

Más obras en la casa de:GUS

lunes, 2 de abril de 2012

2 de Abril - 30 años después de la guerra





Hace 30 años comenzaba la guerra de Malvinas, me acuerdo de haber visto irse a amigos que no tenían idea de como usar un arma, de haber rezado incontables rosarios en el colegio para que no les pasara nada a ninguno de esos chicos que fueron a pelear, de haber recibido cartas tristes y desoladoras, me acuerdo de haber donado mil cosas que nunca llegaron. Me acuerdo con tristeza de esas mamás despidiendo a sus hijos, de esas novias que se quedaban esperando. Me acuerdo y no puedo evitar que se me nublen los ojos... Y por todo eso que viví de cerca, que opacó esa etapa de mi adolescencia, por todos los que se fueron y hoy no están, por todas esas cruces anónimas que quedaron allá y las otras que trajeron cargando los que volvieron, por todos esos ex combatientes que están a la deriva, y de los que nos acordamos solamente hoy... Por todo esto quiero guardar respeto, y conservar la esperanza de que todo esto haya servido para algo, y decir una vez NUNCA MAS!!!


                                                                             Sindel Avefenix

Dos pájaros





Dos pájaros  se elevan en vuelo estelar,
carnosos  despliegan sus alas en llamas,
desnudan sus miedos uniendo sus almas,
y  entregan sus trópicos a la eternidad.

Locos trinos salen desde sus gargantas,
cubriendo el silencio de jadeos furiosos,
funden su arrebato en besos jugosos,
y sus cuerpos rojos se vuelven campanas.

El horizonte les trae una aurora clara,
un manto infinito cubre sus desvelos,
mientras danzan  juntos acunando el cielo
y las nubes dibujan sus caricias de agua.

Emanan aromas de sangre y simiente
de sus pechos brota un suspiro sagrado
y en la inmensidad del éxtasis alcanzado
se entregan la vida  y también la muerte.

                                                                               Sindel Avefenix

jueves, 29 de marzo de 2012

Convocatoria: Este jueves un relato "Las fiestas de mi pueblo"



Los carnavales de mi barrio.


Siempre viví en la ciudad, y aquí las fiestas siempre fueron las que celebra la mayoría de la gente. Pero hay una que quiero recordar porque marcó parte de mi infancia y mi adolescencia.
Los carnavales de los años 70. En mi barrio eran toda una fiesta, muchos meses antes se preparaban las calles y los clubes para recibir a la gente con sorpresas y novedades.
Nosotros elegíamos pasarlo en el club del barrio. Me acuerdo que eran los sábados de los dos últimos fines de semana de febrero. El club se engalanaba con guirnaldas, globos, y disfraces de todo tipo. Llegábamos temprano con mi viejos de custodia. Primero pasábamos por la kermese, donde con unas monedas podíamos jugar a un montón de cosas y ganar premios que parecían tesoros pero que en realidad eran una porquería. Aunque la sensación de haber ganado algo nos alegraba. Después nos acompañaban a jugar al carnaval, yo creo que porque para ellos también era divertido jugar, tomarse licencia de la adultez y ponerse a nuestra altura para reírse un rato. En el fondo del club había un gimnasio enorme. Allí nos reuníamos con espuma en mano y bombitas de agua, nos corríamos para competir a ver quien quedaba más mojado y desalineado. No perdonábamos a nadie, le llenábamos de espuma los anteojos a los padres, les mojábamos las pelucas coquetas a las madres, y a los más chiquitos los dejábamos que corrieran,  pero al final tampoco se salvaban.  Los más adolescentes nos evitaban escondidos en otros recovecos del club para que no los mojáramos, porque después venía el baile. Sobre todo las chicas que habían pasado horas haciéndose “la toca” para lograr un lacio perfecto en su cabello y si se les mojaba no les quedaba nada.
 Y ahí sí, los padres se iban a la confitería  y nosotros íbamos a los vestuarios, nos sacábamos los disfraces, nos poníamos la mejor ropa y nos parábamos a esperar que el chico que nos gustaba nos sacara a bailar. Nos juntábamos las mujeres de un lado, los varones del otro, y entre canción y canción nos moríamos de ansiedad para saber quién sería la próxima que esa noche se llevaría un buen recuerdo. Cada tanto algún padre se daba una vuelta por la pista de baile inspeccionando que no hiciéramos ningún desastre.  Los más grandes después de un rato desaparecían entre los lugares más oscuros del lugar, y nosotros los medianos, terminábamos la noche casi siempre esperando que el chico se decidiera justo en el último momento de la noche a acercarse. Y cuando nos decía “hola” ya nos teníamos que ir. Pero no importaba porque con eso ya teníamos para hablar durante meses.
Éramos chicos, inocentes y esa tontería bastaba para hacernos sentir felices. Cada año que pasaba se repetía la historia, hasta que después crecimos, los más chicos ocupamos el lugar de los adolescentes y por fin pudimos llevarnos buenos recuerdos  de algún beso robado en los lugares oscuros del gimnasio y más tarde  fuimos adultos que acompañamos a nuestros hijos a pasar esos hermosos días de carnaval que aunque están un poco cambiados, no dejan de ser maravillosos.

                                                          Sindel Avefenix

Más fiestas de pueblo en lo de:Manuel

jueves, 22 de marzo de 2012

Convocatoria: Este jueves un relato "Deja Vu"





Estás tendido, atravesado sobre la cama, y yo sentada enfrente tuyo usando la cabecera de respaldo. En el medio, entre las sábanas revueltas y húmedas, la bandeja con las dos tazas de café que recién terminamos de tomar mientras charlamos. El aire es mágico,  luego de nuestra íntima comunión de carne y placer, nos invita a un reposo compartido.
Tu piel todavía tiene la marca del recorrido que hicieron mis besos por todos tus rincones, tu pelo está revuelto y se desparrama, negro intenso, contrastando con el blanco del resto de la cama.  Yo, relajada y plena te miro.
Y es en esa mirada, en ese instante,  que tengo la sensación de haber vivido antes este mismo momento. El mismo y exacto momento que está sucediendo ahora mismo, pero en otra vida, en otra dimensión, y no me extraña porque estoy segura  que también te amo en todos los demás posibles destinos paralelos.
- Deja Vú –  Te digo.
Me miras incrédulo, abriendo esos ojazos oscuros y empezas a reírte de mis locuras. Yo me embarco en tu risa para viajar por los mares del paraíso en el que me siento. Y deseo profundamente tener infinitos deja vu como estos, que mi vida sea un deja vu cíclico y espiralado, que se repita una y otra vez, para no tener que abandonar este espacio en que tus ojos son míos, en el que estás ahí sonriendo, y sos el hombre más hermoso de todos los mundos reales y paralelos. Mi hombre. 
Es un segundo interminable en el que los sentimientos viajan desesperados desde el corazón hasta el alma, se convierten en un volcán y explotan desde mi boca convirtiéndose en verbo,  en ley, en vida, en vos y yo enredados en esa cama ajena, pero que en ese instante es mucho más que nuestra. Despacito, te tomo del cuello, me pierdo en tus brazos y dejo salir en un susurro  todo este amor inmenso que siento por vos en esta vida y en todas las vidas posibles que pueda llegar a vivir.

                 Sindel Avefenix

Más Deja Vu en lo de: Carmen

miércoles, 14 de marzo de 2012

Convocatoria: Este jueves un relato "El cine, desde dentro o fuera de la pantalla"




El "Cine Roca"

Hacía veinte años que me había ido del barrio en el que nací. Mis mejores años los había pasado allí. A la fuerza, y por razones del destino, a los 25 años me  vi obligado a mudarme a un pueblo lejano  de donde no veía la hora de salir. Por suerte ahí encontré algunos amigos con los que compartía mis momentos de soledad. No había encontrado el amor, ni el éxito, y  por las noches lo único que me ayudaba a sentirme vivo eran los recuerdos de mi barrio natal.
Casi todos ellos estaban asociados al cine. En aquella época era todo un evento ir a ver una película. Mirar en esa pantalla enorme, escuchar ese sonido único y dejarse llevar por mundos de sueños y fantasías. De lo que más me acordaba era de las tardes de domingo, cuando nos juntábamos con los pibes desde temprano, e íbamos  al “Cine Roca”, a la vuelta de mi casa. Era toda una fiesta,  ir a sacar las entradas antes que nadie para ver los estrenos y hacer una cola de dos horas antes de entrar para poder tener un buen lugar.
El “Cine Roca”, majestuoso, impecable, enorme, el mejor cine de todos los barrios…
 El que me vio llevar a mi primer noviecita del primario y tocarle la mano con mi mano temblorosa mientras mirábamos “ET”.  El que me vio llevar a mis viejos con mi primer sueldo de cadete administrativo a ver “Cinema Paradiso”. El que me vio dar el primer beso, ese roce de labios tímido que dejó ruborizada a Cecilia, y que después de ese día no quiso verme más. El de las risas con los muchachos de la esquina y de las lágrimas contenidas con las películas tristes, porque los hombres no debíamos llorar.  
Antes de venirme para el pueblo lo fui a visitar, quería despedirme. Ahí seguía, tan majestuoso como siempre, ya no iba tanta gente porque el barrio se había llenado de complejos comerciales que tenían cines. Pero nosotros, la gente del “rioba” como decíamos siempre, seguíamos fieles a sus butacas de cuero rojas, y a sus pisos alfombrados de negro arratonado por el tiempo. Lo miré profundamente para dejar impregnadas mis retinas con esa imagen que guardaba mis mejores recuerdos, y  aunque tuve esa sensación acuosa en mis ojos, ésta vez también reprimí un lagrimón, no sabía cuándo volvería, pero los hombres no debían llorar.
Hoy  después de veinte años volví al barrio, ésta vez para quedarme. Al recorrer las calles lo vi tan cambiado, ya no estaban la pizzería del Tano, ni la disquería del loco Blas, ahora todo eran locales de comida rápida, cibercafés, y supermercados chinos. Apuré los pasos para llegar a Rivadavia, tenía que visitar mi querido “Cine Roca”, ansiaba entrar a ver una película, y dejarme llevar por la magia del tiempo hasta ese pasado feliz que siempre iluminaba mi soledad.
Llegué a la esquina, y me paré en seco. No pude creer lo que veía,  en la marquesina había un nombre enorme que decía “Jesús es la Roca”, habían aprovechado las letras del viejo nombre para armar el nuevo,  ya no estaba la pantalla gigante, ni las butacas eran rojas. El cine se había convertido en un templo y de su interior completamente modificado, salía una voz que decía “que había venido a salvarnos” y un grupo de gente alababa y aplaudía al salvador, un tal Pastor Jiménez.
Ésta vez no pude controlar esa sensación que me inundaba la vista, no pude, o no quise, que sé yo… Ésta vez dejé que mis ojos se expresaran, que rodaran las lágrimas barriendo las imágenes de todos mis recuerdos para poder aceptar la nueva realidad, ya no me importaba que me vieran llorar…
Ya nada era lo mismo ni el barrio, ni el Cine Roca, ni yo mismo…
                                                                               Sindel Avefenix

Más historias de cine en lo de Mónica

miércoles, 7 de marzo de 2012

Convocatoria: Este jueves un relato "Sorpresas"





Domingo 10:30 hs
 - ¡Qué hermosa noche que pasé!  No puedo dejar de pensar en él. Es el hombre más hermoso del mundo. No puedo apartar de mi mente esa mirada oscura, penetrante. Me resuena su voz como un canto al oído, su suavidad, esas manos fuertes y cariñosas. Pienso en sus besos y todavía siento mariposas en mi estómago. Qué lindo que fue estar con él, en sus brazos. Quiero más, mucho más. Estoy enamorada, completamente en las nubes del amor. Qué estado hermoso, amanecer así con esta sensación después de tanto tiempo, me siento plena. Esta sonrisa está clavada en mis labios y nada la va a poder modificar. Soy feliz, muy feliz!!!

Domingo 13:00 hs a 14:00 hs
- Yo escuché mal o me dijo que me llamaba a la una. A lo mejor entendí mal estaba tan embelesada con sus besos que no presté atención. Pero seguro que me dijo más tarde.
En realidad me dijo a la una,  ahora me acuerdo, antes de almorzar me dijo que prendía el celular para llamarme. Bueno capaz se demoró o se levantó más tarde.
¿Y si no me llama? ¡Capaz no le gusté!
Por favor que no pase eso… No va a pasar soy una tonta… Siempre negativa para pensar. Pero ¿Y si pasa?
Ya son la una y diez, que raro que no llama… A ver,  capaz no prendí el celular. Si, está prendido…¿Tengo señal? Sí, tengo una señal bien clara.
¿No habré puesto el celular en silencio? No, está todo bien. ¡Qué raro!
¡Ay por favor que suene! ¡Qué suene!…Muero de ansiedad… 
Bueno me voy a poner a mirar una película lejos del reloj así me distraigo.
No puedo, no me concentro, ya son las dos y nada, ni noticia. Estoy nerviosa no puedo parar de pensar.
Capaz se quedó sin batería, o le robaron el celular antes de llegar a la casa. Voy a mandarle un mensaje para probar.

Domingo 16:00 hs
- Bueno son las cuatro y ni me respondió, seguro que lo leyó, no me dio error de envío, es más, me figura como entregado. Al final es igual a todos. Un mentiroso. Claro total ya obtuvo lo que quería, ahora me descarta. 

Domingo 19.30 hs
- ¡Qué falso! Me dijo que le había encantado, es el peor de todos, me dejó enganchar y ahora desaparece sin decir nada. Cobarde, trucho, ni le importa lo que estoy sufriendo con esta espera. Ya está…Apago el celular. Lo odio.

Lunes 08:00 hs
- Voy a prender el celular para mandarle un mensaje diciéndole todo lo que pienso de él, no se la va a llevar así de arriba. Me va a tener que escuchar, o leer al menos.
Uy!!! Tres llamadas perdidas…Es él…Me dejó un mensaje de voz…A ver…
- Hola hermosa, ¿todo bien? ¿Cómo empezaste tu domingo? Disculpá la hora, son las cinco de la tarde, pero me quedé dormido, me dejaste agotado, y me encantó. ¿Te parece si te paso a buscar para cenar? La pasé tan lindo ayer que estaría bueno repetir ¿no? Además quiero darte una sorpresa.  Bueno espero que me avises antes de las nueve, sino arreglo para ir a ver a mi vieja un rato y lo dejamos para la próxima, porque mañana me voy de viaje, ¿te acordás? Un beso.
- Noooooooooo!!! No cambio más!!! 

                                                                            Sindel Avefenix

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