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jueves, 29 de marzo de 2012

Convocatoria: Este jueves un relato "Las fiestas de mi pueblo"



Los carnavales de mi barrio.


Siempre viví en la ciudad, y aquí las fiestas siempre fueron las que celebra la mayoría de la gente. Pero hay una que quiero recordar porque marcó parte de mi infancia y mi adolescencia.
Los carnavales de los años 70. En mi barrio eran toda una fiesta, muchos meses antes se preparaban las calles y los clubes para recibir a la gente con sorpresas y novedades.
Nosotros elegíamos pasarlo en el club del barrio. Me acuerdo que eran los sábados de los dos últimos fines de semana de febrero. El club se engalanaba con guirnaldas, globos, y disfraces de todo tipo. Llegábamos temprano con mi viejos de custodia. Primero pasábamos por la kermese, donde con unas monedas podíamos jugar a un montón de cosas y ganar premios que parecían tesoros pero que en realidad eran una porquería. Aunque la sensación de haber ganado algo nos alegraba. Después nos acompañaban a jugar al carnaval, yo creo que porque para ellos también era divertido jugar, tomarse licencia de la adultez y ponerse a nuestra altura para reírse un rato. En el fondo del club había un gimnasio enorme. Allí nos reuníamos con espuma en mano y bombitas de agua, nos corríamos para competir a ver quien quedaba más mojado y desalineado. No perdonábamos a nadie, le llenábamos de espuma los anteojos a los padres, les mojábamos las pelucas coquetas a las madres, y a los más chiquitos los dejábamos que corrieran,  pero al final tampoco se salvaban.  Los más adolescentes nos evitaban escondidos en otros recovecos del club para que no los mojáramos, porque después venía el baile. Sobre todo las chicas que habían pasado horas haciéndose “la toca” para lograr un lacio perfecto en su cabello y si se les mojaba no les quedaba nada.
 Y ahí sí, los padres se iban a la confitería  y nosotros íbamos a los vestuarios, nos sacábamos los disfraces, nos poníamos la mejor ropa y nos parábamos a esperar que el chico que nos gustaba nos sacara a bailar. Nos juntábamos las mujeres de un lado, los varones del otro, y entre canción y canción nos moríamos de ansiedad para saber quién sería la próxima que esa noche se llevaría un buen recuerdo. Cada tanto algún padre se daba una vuelta por la pista de baile inspeccionando que no hiciéramos ningún desastre.  Los más grandes después de un rato desaparecían entre los lugares más oscuros del lugar, y nosotros los medianos, terminábamos la noche casi siempre esperando que el chico se decidiera justo en el último momento de la noche a acercarse. Y cuando nos decía “hola” ya nos teníamos que ir. Pero no importaba porque con eso ya teníamos para hablar durante meses.
Éramos chicos, inocentes y esa tontería bastaba para hacernos sentir felices. Cada año que pasaba se repetía la historia, hasta que después crecimos, los más chicos ocupamos el lugar de los adolescentes y por fin pudimos llevarnos buenos recuerdos  de algún beso robado en los lugares oscuros del gimnasio y más tarde  fuimos adultos que acompañamos a nuestros hijos a pasar esos hermosos días de carnaval que aunque están un poco cambiados, no dejan de ser maravillosos.

                                                          Sindel Avefenix

Más fiestas de pueblo en lo de:Manuel

jueves, 22 de marzo de 2012

Convocatoria: Este jueves un relato "Deja Vu"





Estás tendido, atravesado sobre la cama, y yo sentada enfrente tuyo usando la cabecera de respaldo. En el medio, entre las sábanas revueltas y húmedas, la bandeja con las dos tazas de café que recién terminamos de tomar mientras charlamos. El aire es mágico,  luego de nuestra íntima comunión de carne y placer, nos invita a un reposo compartido.
Tu piel todavía tiene la marca del recorrido que hicieron mis besos por todos tus rincones, tu pelo está revuelto y se desparrama, negro intenso, contrastando con el blanco del resto de la cama.  Yo, relajada y plena te miro.
Y es en esa mirada, en ese instante,  que tengo la sensación de haber vivido antes este mismo momento. El mismo y exacto momento que está sucediendo ahora mismo, pero en otra vida, en otra dimensión, y no me extraña porque estoy segura  que también te amo en todos los demás posibles destinos paralelos.
- Deja Vú –  Te digo.
Me miras incrédulo, abriendo esos ojazos oscuros y empezas a reírte de mis locuras. Yo me embarco en tu risa para viajar por los mares del paraíso en el que me siento. Y deseo profundamente tener infinitos deja vu como estos, que mi vida sea un deja vu cíclico y espiralado, que se repita una y otra vez, para no tener que abandonar este espacio en que tus ojos son míos, en el que estás ahí sonriendo, y sos el hombre más hermoso de todos los mundos reales y paralelos. Mi hombre. 
Es un segundo interminable en el que los sentimientos viajan desesperados desde el corazón hasta el alma, se convierten en un volcán y explotan desde mi boca convirtiéndose en verbo,  en ley, en vida, en vos y yo enredados en esa cama ajena, pero que en ese instante es mucho más que nuestra. Despacito, te tomo del cuello, me pierdo en tus brazos y dejo salir en un susurro  todo este amor inmenso que siento por vos en esta vida y en todas las vidas posibles que pueda llegar a vivir.

                 Sindel Avefenix

Más Deja Vu en lo de: Carmen

miércoles, 14 de marzo de 2012

Convocatoria: Este jueves un relato "El cine, desde dentro o fuera de la pantalla"




El "Cine Roca"

Hacía veinte años que me había ido del barrio en el que nací. Mis mejores años los había pasado allí. A la fuerza, y por razones del destino, a los 25 años me  vi obligado a mudarme a un pueblo lejano  de donde no veía la hora de salir. Por suerte ahí encontré algunos amigos con los que compartía mis momentos de soledad. No había encontrado el amor, ni el éxito, y  por las noches lo único que me ayudaba a sentirme vivo eran los recuerdos de mi barrio natal.
Casi todos ellos estaban asociados al cine. En aquella época era todo un evento ir a ver una película. Mirar en esa pantalla enorme, escuchar ese sonido único y dejarse llevar por mundos de sueños y fantasías. De lo que más me acordaba era de las tardes de domingo, cuando nos juntábamos con los pibes desde temprano, e íbamos  al “Cine Roca”, a la vuelta de mi casa. Era toda una fiesta,  ir a sacar las entradas antes que nadie para ver los estrenos y hacer una cola de dos horas antes de entrar para poder tener un buen lugar.
El “Cine Roca”, majestuoso, impecable, enorme, el mejor cine de todos los barrios…
 El que me vio llevar a mi primer noviecita del primario y tocarle la mano con mi mano temblorosa mientras mirábamos “ET”.  El que me vio llevar a mis viejos con mi primer sueldo de cadete administrativo a ver “Cinema Paradiso”. El que me vio dar el primer beso, ese roce de labios tímido que dejó ruborizada a Cecilia, y que después de ese día no quiso verme más. El de las risas con los muchachos de la esquina y de las lágrimas contenidas con las películas tristes, porque los hombres no debíamos llorar.  
Antes de venirme para el pueblo lo fui a visitar, quería despedirme. Ahí seguía, tan majestuoso como siempre, ya no iba tanta gente porque el barrio se había llenado de complejos comerciales que tenían cines. Pero nosotros, la gente del “rioba” como decíamos siempre, seguíamos fieles a sus butacas de cuero rojas, y a sus pisos alfombrados de negro arratonado por el tiempo. Lo miré profundamente para dejar impregnadas mis retinas con esa imagen que guardaba mis mejores recuerdos, y  aunque tuve esa sensación acuosa en mis ojos, ésta vez también reprimí un lagrimón, no sabía cuándo volvería, pero los hombres no debían llorar.
Hoy  después de veinte años volví al barrio, ésta vez para quedarme. Al recorrer las calles lo vi tan cambiado, ya no estaban la pizzería del Tano, ni la disquería del loco Blas, ahora todo eran locales de comida rápida, cibercafés, y supermercados chinos. Apuré los pasos para llegar a Rivadavia, tenía que visitar mi querido “Cine Roca”, ansiaba entrar a ver una película, y dejarme llevar por la magia del tiempo hasta ese pasado feliz que siempre iluminaba mi soledad.
Llegué a la esquina, y me paré en seco. No pude creer lo que veía,  en la marquesina había un nombre enorme que decía “Jesús es la Roca”, habían aprovechado las letras del viejo nombre para armar el nuevo,  ya no estaba la pantalla gigante, ni las butacas eran rojas. El cine se había convertido en un templo y de su interior completamente modificado, salía una voz que decía “que había venido a salvarnos” y un grupo de gente alababa y aplaudía al salvador, un tal Pastor Jiménez.
Ésta vez no pude controlar esa sensación que me inundaba la vista, no pude, o no quise, que sé yo… Ésta vez dejé que mis ojos se expresaran, que rodaran las lágrimas barriendo las imágenes de todos mis recuerdos para poder aceptar la nueva realidad, ya no me importaba que me vieran llorar…
Ya nada era lo mismo ni el barrio, ni el Cine Roca, ni yo mismo…
                                                                               Sindel Avefenix

Más historias de cine en lo de Mónica

miércoles, 7 de marzo de 2012

Convocatoria: Este jueves un relato "Sorpresas"





Domingo 10:30 hs
 - ¡Qué hermosa noche que pasé!  No puedo dejar de pensar en él. Es el hombre más hermoso del mundo. No puedo apartar de mi mente esa mirada oscura, penetrante. Me resuena su voz como un canto al oído, su suavidad, esas manos fuertes y cariñosas. Pienso en sus besos y todavía siento mariposas en mi estómago. Qué lindo que fue estar con él, en sus brazos. Quiero más, mucho más. Estoy enamorada, completamente en las nubes del amor. Qué estado hermoso, amanecer así con esta sensación después de tanto tiempo, me siento plena. Esta sonrisa está clavada en mis labios y nada la va a poder modificar. Soy feliz, muy feliz!!!

Domingo 13:00 hs a 14:00 hs
- Yo escuché mal o me dijo que me llamaba a la una. A lo mejor entendí mal estaba tan embelesada con sus besos que no presté atención. Pero seguro que me dijo más tarde.
En realidad me dijo a la una,  ahora me acuerdo, antes de almorzar me dijo que prendía el celular para llamarme. Bueno capaz se demoró o se levantó más tarde.
¿Y si no me llama? ¡Capaz no le gusté!
Por favor que no pase eso… No va a pasar soy una tonta… Siempre negativa para pensar. Pero ¿Y si pasa?
Ya son la una y diez, que raro que no llama… A ver,  capaz no prendí el celular. Si, está prendido…¿Tengo señal? Sí, tengo una señal bien clara.
¿No habré puesto el celular en silencio? No, está todo bien. ¡Qué raro!
¡Ay por favor que suene! ¡Qué suene!…Muero de ansiedad… 
Bueno me voy a poner a mirar una película lejos del reloj así me distraigo.
No puedo, no me concentro, ya son las dos y nada, ni noticia. Estoy nerviosa no puedo parar de pensar.
Capaz se quedó sin batería, o le robaron el celular antes de llegar a la casa. Voy a mandarle un mensaje para probar.

Domingo 16:00 hs
- Bueno son las cuatro y ni me respondió, seguro que lo leyó, no me dio error de envío, es más, me figura como entregado. Al final es igual a todos. Un mentiroso. Claro total ya obtuvo lo que quería, ahora me descarta. 

Domingo 19.30 hs
- ¡Qué falso! Me dijo que le había encantado, es el peor de todos, me dejó enganchar y ahora desaparece sin decir nada. Cobarde, trucho, ni le importa lo que estoy sufriendo con esta espera. Ya está…Apago el celular. Lo odio.

Lunes 08:00 hs
- Voy a prender el celular para mandarle un mensaje diciéndole todo lo que pienso de él, no se la va a llevar así de arriba. Me va a tener que escuchar, o leer al menos.
Uy!!! Tres llamadas perdidas…Es él…Me dejó un mensaje de voz…A ver…
- Hola hermosa, ¿todo bien? ¿Cómo empezaste tu domingo? Disculpá la hora, son las cinco de la tarde, pero me quedé dormido, me dejaste agotado, y me encantó. ¿Te parece si te paso a buscar para cenar? La pasé tan lindo ayer que estaría bueno repetir ¿no? Además quiero darte una sorpresa.  Bueno espero que me avises antes de las nueve, sino arreglo para ir a ver a mi vieja un rato y lo dejamos para la próxima, porque mañana me voy de viaje, ¿te acordás? Un beso.
- Noooooooooo!!! No cambio más!!! 

                                                                            Sindel Avefenix

Más sorpresas en lo de ANY

lunes, 5 de marzo de 2012

Después del grito




Y abrí mi garganta dejando escapar ese grito contenido, salió lento, miedoso al principio, pero al tomar contacto con el aire se volvió estrepitoso, tan agudo y lastimero que dejó a su paso huellas descarnadas. Se volvió alarido, aullido, estruendo. Rompió las copas, movió los espejos… Y los cristales astillados volaron por el espacio, rebotaron contra el objetivo y se volvieron en mi contra adentrándose en mi carne formando surcos sangrientos que se convirtieron en verdades, hirientes, frontales, desahuciadas.
El alivio de la liberación duró unos segundos, al instante una sombra oscura se apoderó de mis espacios más íntimos, penetró hasta perforar lo más profundo de mi dignidad y una vez hecho el hueco, se fue, dejando un vacío oscuro y negro.
Y es en ese vacío tormentoso donde quedo destejiendo los hilos de aquellos ensueños mentirosos, dónde nunca te tuve, ni te tengo…


                                                    Sindel Avefenix

domingo, 4 de marzo de 2012

Grito




Siento un grito aprisionado en la garganta, una opresión constante de angustia que me carcome el aire. Una necesidad insistente de arrancarme de raíz el alma y quedarme a solas con mi criterio contemplando la balanza, desnivelada de más penas que glorias, en la que estoy sumida.
Cargo con una maraña enredada de preguntas que tienen una sola respuesta. Esa que contiene las palabras convertidas en espinas, y que sin darme respiro se van adentrando en mi pecho. Esta vez no funcionan las curas paliativas, son tan grandes las heridas, tan profundas, y están ya tan escarbadas... La sangre se derrama inundando mis manos desesperadas que luchan para detener esa catarata caudalosa de dolor explícito.  
Tengo que detener esto, cueste lo que cueste, porque esta vez es grave, mucho más grave que una simple desolación anunciada de la que no hay regreso ni recuperación.
Necesito liberar ese grito, dejarlo salir resonando como un aullido doliente, que se rompan las copas, y vibren los espejos. Y cuando llegue a destino  se convierta en un eco de miles de gritos guardados durante años, durante todas las batallas perdidas contra la realidad, durante todas las noches desiertas en las que entretejía esta soledad enmascarada bajo el ensueño mentiroso de tenerte y no tenerte.  
                                                                                                           Sindel Avefenix

A mis queridos jueveros!!!

No puedo dejar de decirles estas palabras a todos los que me acompañaron en este jueves maravilloso y a los que no llegaron a tiempo pero igual estuvieron desde la lectura y los comentarios. 
Quiero agradecerles de todo corazón a todos por participar con sus ocurrentes relatos, por engalanar mi casa con su buena energía, por sus comentarios, por sus palabras, por su presencia.
Una de las mejores cosas que me sucedió el año pasado es haberlos conocido, son un grupo de gente única, que me abrieron las puertas de sus "Jueves" con el mayor de los respetos y cariño. Para mí es un placer poder estar entre ustedes, participar de cada una de las propuestas que salen, escribir y leerlos.
Me siento muy feliz de haber sido su anfitriona, espero que se hayan sentido a gusto, y que sepan que siempre serán bienvenidos.
Muchas, muchas, pero muchas gracias mis queridos jueveros!!!



jueves, 1 de marzo de 2012

Convocatoria: Este jueves un relato "El apego a un objeto"

Mi jueves




La alianza de oro


Buscando un viejo par de pendientes entre mis chucherías, ahí,  bien en el fondo del cajón, te vi.
Asomó tu superficie dorada, estabas opaca y solitaria,  pero un dejo de brillo me hizo reconocerte al instante. Te miré, primero dudé en tomarte, tantos años sin verte me habían hecho olvidarte por completo.
Algo llevó a que  mis manos te rescataran de ese rincón oscuro al que habías ido a parar. Te puse sobre mi palma, instintivamente miré el nombre y la fecha grabados en tu interior, y en un instante millones de recuerdos se me agolparon en la memoria. Me acordé del día en que llegaste a mí, perfectamente envuelta en tu estuche de terciopelo rojo, acompañada por otra igual a vos pero más grande.
Recordé como en un momento, que la ansiedad me hizo interminable,  ya estabas en mi dedo, perfecta, impactante, luminosa. Venías acompañada de un mundo de proyectos, juramentos,  ilusiones,  promesas de un comienzo junto a alguien que lucía en su dedo una similar a vos.
A partir de ese día me acompañaste durante años, pasamos juntas por momentos mágicos y por otros que es mejor olvidar. Pero durante esos tiempos, que ahora siento tan lejanos, mirarte brillando en mi dedo me daba fuerzas,  valor para mantenerte ahí, donde la habían puesto, sosteniendo ese sueño y esa esperanza de que todo fuera a cambiar.
Yo te juro que luché para que te quedaras para siempre brillando, anunciando que yo era una mujer casada, una mujer que compartía su amor con otra persona, una mujer…
Hasta que un día me di cuenta que vos brillabas pero que yo me estaba volviendo opaca.
No tenía sentido conservarte en mi mano, si tu significado no coincidía con lo que me dictaba el corazón.  Así que muy despacio, pero decidida, te deslicé hacia afuera, y te guardé en un cajón. No pude deshacerme de vos porque de alguna forma eras parte de mi vida.
Por mucho tiempo tuve tu marca en mi dedo, pero hoy ya no…
                                                         Sindel Avefenix




miércoles, 29 de febrero de 2012

Convocatoria: Este Jueves un relato "El apego a un objeto"





                    Este jueves un relato: "El apego a un objeto"


Les voy presentando los relatos que me van llegando.
A disfrutarlos!!!


Julián                                            Gustavo


Natalia                                           Rosa                                      


Pepe                                              Susurros


Cass                                              María José


José Vte.                                       María Liberona


Juan Carlos                                  San


Carmen                                         Alfredo


Wendy                                          Verónica



Mónica                                          Sindel


Secretos                                       Gastón  


Manuel                                          Carol


Cristina                                         Encarni


Sindel (Nuevo relato)                   Maat


Matices




Muchas gracias a todos por participar!!!
                                                     

Convocatoria: Este jueves un relato "El apego a un objeto"

Mi jueves





Quiero aclarar que cometí un error, este relato ya lo había subido antes en mi blog, la verdad lo había olvidado por completo,  gracias a Mónica que me lo recordó me di cuenta. 
Lo elegí porque me pareció que cumplía más que ninguno con la consigna, a los que lo hayan leído antes les pido disculpas por la repetición.  
Les dejo un nuevo relato que escribí hoy para cubrir esta falta.
Gracias :)






Susy, la otra muñeca



Para el  cumpleaños de Fabiana, el papá le trajo de regalo una novedosa muñeca “Cindy”. 
Era increíblemente hermosa, rubia, de cabello ensortijado y tenía una carita perfecta. Sus brazos y piernas se articulaban como los de una persona. Tenía la piel suave y muy bronceada. Fabi me la prestó un rato y yo no podía dejar de mirarla, moverle los brazos, e investigarla. Apenas llegué a casa les pedí a mis papás que me compraran una. Ellos me explicaron que esas muñecas eran importadas, y que en ese momento no podían gastar tanto dinero porque a papá lo habían despedido de su empleo. Pero, si esperaba hasta Navidad, iban a  hacer lo imposible para darme el gusto. Faltaban dos meses para que llegaran las fiestas y  yo no dejaba de soñar con tener esa muñeca en mis manos.
Cuando llegó la Navidad en el árbol estaba mi regalo. No aguanté hasta las doce, y lo abrí a escondidas para espiar si era lo que tanto esperaba. Mi mamá, que me vio justito, me dijo que ya que había empezado a abrirlo lo hiciera de una vez. Mis manitos arrancaron el papel plateado y descubrieron una caja que decía: “Susy, la primer muñeca articulada nacional”.  La saqué sin respirar. Era más chiquita que la “Cindy”, pero a simple vista estaba bien. Venía vestida con un conjunto que le cubría los brazos y las piernas, y tenía el cabello recogido en una larga trenza rubia. La verdad, no me gustaba mucho lo que veía, pero la llevé a mi cuarto y empecé a observarla mejor. Le solté la trenza y empecé a peinarla, gran parte del cabello se quedó en el peine, ya habíamos empezado mal. Dejé eso para otro momento y me dediqué a sacarle la ropa para ver como era su piel. Me sorprendió ver que era blanca, y al tacto dura y áspera. Sus brazos se articulaban, pero las articulaciones se veían y eso le daba un aspecto monstruoso. Me puse a llorar, la muñeca era espantosa. Me daba vergüenza tener que mostrarle a mis amigas ese regalo. La dejé a un costado sin mirarla y me fui a dormir.
Al otro día todas las nenas del barrio sacaban sus “Cindy” a la calle para jugar, yo me hice la tonta y les dije que me la había olvidado en casa. Estaban orgullosas de sus muñecas perfectas, las vestían de novia, de princesa, de señoritas. Cuando llegué a casa mi mamá estaba triste. Me preguntó por qué no había llevado mi “Susy” para jugar. Me puse nerviosa y admití que no me había gustado, porque era imperfecta y muy diferente a las otras, y si mis amigas la veían se iban a reir de mí. Y esa fue la primera vez que la vi llorar. Me abrazó fuerte y me pidió perdón por no haber podido comprarme la muñeca que deseaba. Me contó que habían tenido que ahorrar mucho para poder llegar a ésta, y que, tanto ella como papá, habían estado contentos de poder hacerlo y darme esa alegría. No dije nada y fui a mi cuarto con un nudo que empezaba por apretarme la panza y me subía hasta el pecho. Me senté en la cama, miré a Susy que tirada en un rincón me miraba con sus ojos celestes y sus pestañas delineadas. La tomé en mis manos y muy despacito empecé a trenzarle el cabello. Le inventé un peinado alto para disimular la parte que se le había salido. La volví a vestir haciéndole un nudo en la blusa que le daba un aire canchero. ¡No había quedado nada mal!  Esa noche la puse en mi cama para dormir.
A partir de ese día la llevaba a todos lados para jugar. Al principio las demás nenas la miraban con asombro, era diferente, pero al tener las articulaciones expuestas tenía mayor amplitud de movimientos, se podía sentar, cruzar las piernas y mantenerse de pie en cualquier actitud que yo deseara. ¡Era la reina de los movimientos! Me divertía mucho con ella, le hacía vestidos, tocados, y carteritas tejidas. Era mi fiel compañera.
Para mi cumpleaños, unos meses después, mi papá ya había conseguido empleo. Me sorprendieron con un regalo que no esperaba, una real muñeca “Cindy”.  Me sentí muy feliz de poder tenerla por fin entre mis manos, pero cuando la mire, supe que jamás podría llegar a ser como Susy, que a pesar de sus defectos había logrado instalarse en un lugar muy especial de mi corazón. Quizás, porque me había enseñado que aún siendo imperfecta tenía otras condiciones que me hacían feliz.
A medida que fui creciendo Susy se fue quedando a mi lado.  Cada vez que mi mamá la ponía en el cajón de los juguetes viejos para regalar, yo iba detrás y la rescataba. Hasta que por fin se dio por vencida y terminamos encontrándole juntas un lugar en la repisa donde estaban mis libros de la  universidad.
Ahora Susy,  que está casi pelada y con un brazo menos, ocupa un estante muy especial, entre los trofeos que ganaron mis hijos en la escuela y la foto de mis viejos. 
                                                                                  Sindel Avefenix

PD: Aquí les dejo una imagen que encontré de una muñeca muy parecida a Susy para que la vean.







                                        

sábado, 25 de febrero de 2012

Convocatoria para el 01-03-2012 - Este jueves un relato: "El apego a un objeto"

Este jueves tengo el placer de ser la anfitriona de los encuentros jueveros, quiero agradecerle a Gustavo que me dio esta oportunidad. Y de paso agradecerles a todos los que me acogieron en este maravilloso grupo que me llena de satisfacciones y alegrías.




 Este jueves un relato "El  apego a un objeto"








Todos alguna vez tuvimos apego por algo, hemos generado un vínculo estrecho con una cosa de la cual no queríamos separarnos ni desprendernos. Un juguete, una prenda de vestir, o algo que nos haya acompañado durante una etapa de nuestra vida, y que aunque ahora lo hayamos dejado relegado por diferentes razones, aun conservamos, ya sea materialmente o en nuestro corazón. Algo que nos traiga recuerdos, que haya sobrevivido a mudanzas, a limpiezas de placards, que uno haya estado por tirar cien veces, pero que a la larga lo haya vuelto a guardar por cábala, por nostalgia, o por apego.
Estoy segura que hay muchas historias maravillosas para contar detrás de esto, y sé que si no las hay podrán inventarlas de lujo,  así que aquí los espero con sus relatos  mis amigos jueveros.

Como siempre seguimos con las normas de Tésalo, cuando ya lo hayas publicado, dejame tu URL y publico tu enlace. Se admiten tempraneros que quieran publicar antes del jueves y  rezagados que publiquen con posterioridad.
Gracias por participar, un abrazo gigante 





miércoles, 22 de febrero de 2012

Convocatoria: Este Jueves un relato "Me ocurrió algo extraordinario"




No hay nada más estresante que las mudanzas, pero entre tanta locura, hubo algo que me trajo una brisa fresca de recuerdos en las recalentadas arcas de mi memoria.
En uno de los últimos cajones que vacié, encontré una cajita verde decorada con purpurina. Adentro y envuelta en un papel de servilleta estaba la pila de calculadora que había sido protagonista del incidente con Nicolás.
Vivíamos en el departamento de Boedo. Era un dos ambientes con un comedor muy chico, pero la habitación nos había permitido poner todos los muebles que teníamos. La cama matrimonial, las mesas de luz y en un rincón,  cerca de la ventana, la cunita de Nico que recién empezaba a caminar y se metía por todos lados abriendo cajones, y todo lo que estuviera en su camino.
Me acuerdo que estaba muy ocupada con los preparativos para su bautismo. Habíamos coordinado festejar su primer año y el bautismo juntos para ahorrarnos un poco de dinero. El taxi que manejaba Claudio era de alquiler y nos dejaba muy poca ganancia para vivir. A mí, me habían despedido de mi trabajo hacía unos meses y estábamos apretadísimos con todo.
Había decidido mirar todos los programas de “Utilísima” para sacar ideas simples y hacer yo misma todo lo que fuera parte de la decoración, y las tarjetas. Por suerte los padrinos se habían encargado de los souvenirs, la torta y la ropa del agasajado.
Los días anteriores fueron una locura, organizar la comida, los invitados, la Iglesia, la ropa, etc. Estaba estresadísima y Nico no paraba de portarse mal.
El viernes, cuando faltaba solamente un día, yo estaba en el comedor distraída terminando las guirnaldas. De golpe me di cuenta que Nico estaba muy callado, y fuera de mi vista.  Entré rápido a la habitación y lo vi. Fue todo en un segundo, tenía en su manito la calculadora de bolsillo, había abierto los cajones de las mesas de luz, la tapa de la calculadora estaba en el piso, y la pila brillaba sobre su lengua como si fuera un caramelo. ¡Grité! Le pedí que no la tragara y que abriera la boca, pero en un acto de desafío tragó saliva y la pila no brilló más.
Corriendo, desesperada, lo alcé en mis brazos, tomé un taxi y lo llevé al Hospital. Le expliqué al pediatra de Guardia lo que había pasado, pero no me creyó. Me dijo que seguramente me había parecido verla en su boquita. Por las dudas me mandó a hacerle una placa, y me pidió que me quedara tranquila, porque iba a salir todo bien.
Cuando vi la cara del radiólogo, supe que yo tenía razón. Me preguntó qué era lo que se había tragado. Le conté que era una pila, y muy nervioso salió corriendo llevándose la placa para que la viera el pediatra. Cuando me llamaron al consultorio estaban pálidos, la pila estaba alojada en el esófago y había que rogar que no se encapsulara, ni se reventara  por efecto de los ácidos estomacales dentro del cuerpo. Nos fuimos a casa, con una dieta estricta de coliflor con salsa blanca, puré de calabaza, Danonino y mucho líquido. Había que esperar dos días, revisar los pañales minuciosamente, y tener la suerte de encontrar el tesoro perdido.
Cuando llegó mi marido y le conté, me propuso suspender la fiesta, pero después de pensarlo continuamos con todo sin decirle nada a nadie. El sábado pasó entre la angustia de no encontrar nada en el pañal, y la excitación de Nico por ver tanta gente que lo mimaba. El bautismo estuvo hermoso, los padrinos se emocionaron mucho, y la fiesta salió como todos esperábamos. Esa noche no pude dormir. Nos quedaba un día y si no pasaba nada, tenía que volver a llevarlo para que probaran con una cirugía para extraerle la pila ilesa.
El domingo se hizo larguísimo, cada vez que revisaba un pañal me temblaban las manos, y se me agitaba el pulso. A la noche empecé a prepararme para lo último que quedaba por hacer. Mi marido estaba preocupado, trataba de animarme pero mis pensamientos eran funestos y me sentía culpable por haberlo descuidado. Después de cenar, llevé a Nico a bañar, lo cambié y lo dejé que jugara un rato mientras le hacía engullir un Danonino  medio a la fuerza. De repente lo vi colorado y  sentí un olor insoportable que venía en oleadas. Recién le había puesto el pañal limpio para la noche, pero me di cuenta que lo iba a tener que cambiar otra vez. Cuando abrí el pañal, ya con la resignación de no encontrar nada, un brillo metálico apareció entre una pasta verde mezcla de restos de coliflor y calabaza. Nunca había visto un brillo más hermoso que ese, lo agarré con un algodón y casi muero de felicidad cuando confirmé que era la pila. Corrí a avisarle a mi marido, que de la emoción se tiró el café encima y terminó quemándose la pierna. No importaba, nada importaba. Nico estaba sano y recuperado sin necesidad de ninguna cirugía.
Tomé la pila, la limpié  bien con alcohol,  y la envolví en una servilleta.
La última vez que la vi, hasta hoy, fue cuando la puse en la cajita verde decorada con purpurina. La misma que hoy tengo en mis manos, con las que estuve embalando todo para empezar una nueva vida con mi hijo, que ya tiene diecisiete años y, que una vez, hace muchos años se tragó una pila, la tuvo en su cuerpo dos días y después la dejó salir.
                              Sindel Avefenix

Más relatos extraordinadios en lo de: Maru

miércoles, 15 de febrero de 2012

Convocatoria: Este jueves un relato "Tuve un sueño"




La espera
Llegó temprano a la estación de Flores con la ansiedad galopándole en las venas, y un manojo de sueños macerados en su necesidad de creer que ésta vez los haría realidad.
Se sentó sobre un banco viejo que estaba en el medio del andén para esperarlo. Sentía un nudo en el estómago, los minutos pasaban lentos, desesperantes.
Parecía que el sonido del tren le llegaba desde muy lejos, pero se dio cuenta que era su imaginación la que lo producía para acelerar el momento de la llegada.
La gente iba llegando al andén, pasaban delante de ella sin detenerse a mirarla, cada uno en su propio mundo, algunos la empujaban al pasar para acomodarse, pero no le importaba nada.  Ella seguía ahí, estática, con la mirada clavada en las vías, presintiendo el momento del encuentro, dibujándose en la mente cada escena, cada mirada, cada beso que él había prometido que le daría.
- Esta vez es para siempre -  le había dicho él.
Y ella le había creído.
- ¡Ahora sí!… ¡Viene el tren!... ¡Viene! …
Sintió el traqueteo desde cerca, el silbato anunciando el arribo, la gente que se apelotonaba para poder subir primero. Parecía que no terminaba nunca de parar en la estación. De repente se le cruzó la idea de que podía seguir de largo y se estremeció.
Le temblaban las piernas, estaba fuera de sí, deseosa de estar ya entre sus brazos para convertir en realidad ese cúmulo de ensoñaciones que la acompañaban desde que lo había conocido.
Por fin el tren paró, empezó a bajar la gente y ella a buscar la cara de su amante entre miles de caras desconocidas. Miró para todos lados, en todos los vagones, en todas las ventanillas, pero no lo encontró.
Su ansiedad se convirtió en agujas que la traspasaban, corrió de un extremo al otro de la estación con la ilusión de haberlo perdido de vista en el tumulto.
En pocos minutos el andén quedó vacío, y él no estaba…
El tren se fue despacio, llevándose consigo sus sueños, dejándola una vez más con el alma llena de amargura y desesperanza.
Ya no recordaba cuantas veces había padecido la misma escena, cuántos despertares abruptos la habían empujado a la realidad del olvido, ni cuantas lágrimas había derramado en su nombre, pero se juró a sí misma que éstas serían las últimas.


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jueves, 9 de febrero de 2012

Convocatoria: Este jueves un relato "El arte de observar"


"Foto cedida por ElSilencio en Devianart"

Olvidar y recomenzar


Habían pasado varios meses desde que la había dejado, todo ese tiempo había luchado contra su corazón para poder olvidarlo. Noches enteras llorando, tocando con la yema de sus dedos ese espacio vacío en la cama. Había perdido el apetito, estaba extremadamente delgada y no le encontraba sentido a sus días.
Sus seres queridos la llamaban todo el tiempo, la acompañaban pero ella no podía dejar de sentir ese nudo apretado en la garganta, esa culpa constante de ser una mujer de cuarenta a la que su marido había dejado por otra más joven.
Cuando vio el anuncio de esa nueva empresa no dudo en buscar información. Los comentarios de la gente que había utilizado ese servicio eran excelentes. Leyó una vez más el slogan “Olvidar y recomenzar”.
Decidió ordenar su casa, y deshacerse de todas las cosas que la ataban a ese hombre. Rompió fotos, quemó cartas, regaló ropa vieja. Una vez que tuvo todo listo, se dispuso a presentarse en ese prometedor lugar.
Cuando llegó, la hicieron completar un formulario para que especificara claramente cuál era el recuerdo que quería borrar de su memoria. Luego pasó a una sala donde había una fila bastante concurrida delante de ella. Se armó de paciencia mientras inspeccionaba con sus ojos el lugar. Era amplio, casi en penumbras, sin más muebles que una silla vacía y una gran escalera. Al final de la misma había luz. Seguramente ahí le aplicarían la inyección que tanto anhelaba, la droga del olvido.  Y por fin podría liberarse de ese recuerdo amargo de abandono y frustración que la estaba acosando y destrozando.
Llegó su turno, miró la escalera que se desplegaba delante suyo. Era enorme, tenía veinte escalones, altos, difíciles de subir.
El primero lo subió rápido, sin dudar. Luego el otro, y otro… En la mitad del ascenso se detuvo, comenzó a sentir su mente inundada de momentos pasados… La primer cita, el compromiso, la boda…
Siguió adelante… La entrada a la iglesia, su vestido blanco, la luna de miel en Cuba…
Otro más… La compra de la casa, el proyecto de quedar embarazada, los tratamientos para fertilidad…
Quedaban pocos escalones… Las discusiones, la falta de intimidad, las sospechas…
El último escalón… El abandono, la violencia, las agresiones verbales…
Llegó a la puerta iluminada y entró, había tomado una buena decisión.
Salió de allí con una sensación de felicidad y renovación completa. Se acordaba de todo pero había algo que había quedado completamente en blanco. No le importaba, se sentía plena. Abrió la puerta de su casa, tiró el abrigo sobre el sofá y puso la contestadora para ver si tenía mensajes. Había uno, desde el otro lado de la línea un hombre le hablaba de arrepentimiento, de errores, de recomenzar.
Sin dudar borró el mensaje, seguramente era alguien que se había equivocado de número.
Por primera vez en meses volvió a dormir y a  soñar.
                                                                            Sindel Avefenix

Más relatos de "El arte de observar" en http://maticesdecolores.blogspot.com


miércoles, 1 de febrero de 2012

Convocatoria: Este jueves un relato "Persona que es curiosa tiene refrán para cada cosa"

Para este jueves busqué y rebusqué refranes para poder escribir un relato. Me quedé en blanco, eran tantos que no pude redondear una idea. Y bueno, suele pasar que a veces las musas no nos llegan a tiempo, pero igual escribí esto, para no dejar de estar presente. Espero que de todas formas les guste.





“Lo esencial es invisible a los ojos”
Cuando te miro profundamente desde mis ojos hacia tus enormes ojos negros, y me veo reflejada en tus pupilas, comprendo que te has vuelto esencial para mí.
No quiero que seas invisible, quiero que sigas ahí para poder reflejarme en vos, en esa unión mágica que hace que por un instante podamos vernos uno posado dentro del otro como un espejo que devuelve lo que sentimos.
Quiero conservarme iluminada en tus ojos, perderme enredada en tus pestañas, convertirme en paisaje y adentrarme en vos para devolverte un poco de toda esa serenidad que me das cuando estás conmigo.
Lo esencial es invisible a los ojos, pero mis ojos pueden ver lo esencial cuando te miro, a través de ese lenguaje silencioso que inventamos para decirnos tantas cosas tan solo con la mirada.


“A buen entendedor pocas palabras”
Solamente dos palabras pronunciadas desde tu boca y a través de tu voz.
Dos palabras que significan más que cualquier libro que se haya podido haber escrito, que muchos dicen de memoria, que otros dicen sin sentido.
Solamente dos palabras para poder sostener mis sueños, para poder soportar esperas, y alimentarme de  esa savia que corre por mis venas antes de cada encuentro.
Solamente dos palabras, porque soy buena entendedora y porque me basta escucharlas saliendo desde tus rincones más íntimos en ese momento perfecto donde las palabras se sostienen con los hechos.
A buen entendedor pocas palabras… Solamente dos…


“En casa de herrero cuchillo de palo”
Yo que era un alma con alas enormes que  se desplegaban sin cesar en eternos vuelos, que nunca había aterrizado por demasiado tiempo en ningún lugar.
Yo que tantas veces dije que no iba a encadenarme a ningún sentimiento terrenal que me cambiara el destino, o la libertad que buscaba.
Hoy estoy acurrucada junto al fuego de mis pasiones, esperando con ansiedad que llegues a mi lado para llenarme con tus besos y hacer de tu cuerpo mi eterna morada, el lugar donde siento que puedo ser libre y esclava al mismo tiempo.
Estoy con las alas plegadas,  han mutado en raíces que siembro entre tus cabellos, y una soga invisible me ata, como hechizada, a tus deseos.
En casa de herrero cuchillo de palo… Quien me ha visto, y quien me ve…

                                                         Sindel Avefenix

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